Bernardo me chivó que en la Feria del libro antiguo y de ocasión, celebrada hace unos meses en Jaén, había una caseta que vendía libros de Acantilado a 10 euros. No seamos maniqueos... Chivar, ese denostado verbo, es bueno a veces, aunque pocas... Tuve la suerte de comprarme al fin El mundo de ayer, las memorias de Stefan Zweig. Un libro que leo despacio, muy despacio, y del que subrayo párrafos enteros. Sí, subrayar, ese a medias denostado verbo, es bueno a veces, casi todas. Dice Zweig:Nosotros, unos jóvenes completamente inmersos en nuestras ambiciones literarias, reparábamos poco en los peligrosos cambios que se producían en nuestra patria: tan sólo teníamos ojos para libros y cuadros. No mostrábamos ni el más remoto interés por los problemas políticos y sociales: ¿qué significaba para nuestras vidas aquellas trifulcas a gritos? La ciudad hervía durante las elecciones y nosotros íbamos a la biblioteca. Las masas se levantaban y nosotros escribíamos versos y discutíamos de poesía. No veíamos las señales de fuego en la pared; sentados a la mesa como antaño el rey Baltasar, saboreábamos, despreocupados y sin temer al fututo, los esquisitos manjares del arte. Y tan sólo varias décadas más tarde, cuando las paredes y el techo se desplomaron sobre nuestras cabezas, reconocimos que los fundamentos habían quedado socabados ya hacía tiempo y que, con el nuevo siglo, simultáneamente había empezado en Europa el ocaso de la libertad individual.