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viernes, 4 de noviembre de 2011

Las muertas y los Wipers

Acerco La caja de música a La Banda de los 4. Puentes, como este tema, sin duda la canción de la semana. La última vez que lo escuché tenía diecinueve años y escribía poemas como quien planta zanahorias. El lunes pusieron uno de sus temas en Radio 3 y ahora me los traigo aquí. No son muy conocidos, pero me han interesado siempre: The Wipers, pura protohistoria grunge. Me gustan sus canciones largas, hipnóticas, que revientan al final. Temas pesados como 2666, duros como las casi cuatrocientas páginas de La parte de los crímenes. Y eso, quién demonios lo soporta... ¿Quién? Un fanático o un obsesivo-compulsivo incapaz de dejarse un libro a medias. La dureza de su relectura (por si no sabéis de que os hablo, imaginad, por ejemplo, la mano de una adolescente muerta asomando, ya casi podrida, por encima de la arena del desierto de Sonora) me atiza el viernes noche. Una que yo me sé hablaría de droga intelectual.

Mantra sobre mantra. Los crímenes, uno detrás de otro, y los cinco últimos minutos de Youth of America, parecen cabalgarse juntos. No sé quién de los dos está más loco: el chileno mediomundo que quiso escribirse una novela tumba o los Wipers, componiendo estos temazos metanfetamínicos cuando la psicodelia estaba más muerta que las muertas de Bolaño. Apuestas se diría que suicidas. Según se mire, extrañas formas de valentía o imbecilidad.

sábado, 2 de abril de 2011

Albañiles en la historia de la literatura

Vuelvo la mirada a La parte de los críticos (libro 1 de 2666). La historia de Pelletier, Morini, Espinoza y Norton es también la historia de una apuesta a cara o cruz. Los críticos son unos muertos de hambre, pero son inteligentes, luchadores y trabajan por una pasión común. Una pasión a contracorriente. En cierta forma, la historia de los críticos es la historia de cuatro tarados, o al menos de dos. Pero sobre todo, este primer libro cuenta la historia de una doble transformación: la que lleva del fracaso al éxito (la conversión de los críticos en críticos) y la que lleva de la marginalidad al reconocimiento (la historia de Archimboldi). En principio, el primer hilo no nos interesa tanto. El segundo, sin embargo, sí, y mucho. Aquí aparecen los albañiles. Hablamos de algo que esperamos sea cenital en este blog: la construcción social de la literatura.

Resumimos: la labor coordinada de cuatro profesores cada vez más prestigiosos logra que un autor casi marginal se convierta en candidato al Nobel de literatura. Entremedias eso que llamamos suerte y miles de procesos que acaban siendo convergentes.

Explicamos: cuatro lectores, los que luego serán los críticos, leen a Archimboldi de una manera particular. Le prestan ojos. Al fin y al cabo, su mirada está construida por un itinerario de lecturas casi común, una carrera experiencial más o menos similar, que les hace enfrentar la bibliografía archimboldiana de una manera totalmente distinta. Luego apuestan por hacer de su mirada una mirada pública, compartida por un pequeño pero selecto grupo de lectores que poco a poco empieza a leer a Archimboldi de la misma forma que ellos. Hablamos de un pequeño pero selecto grupo, y eso quiere decir que este grupo tiene capacidad para extender la mirada compartida a otros sectores más prosaicos de la sociedad. La recepción cambia. El gran público comienza a leer a Archimboldi. Y es este último cambio el que hace que el escritor alemán deje los campos de tierra de Segunda B y llegue a jugar la Champions (de la literatura).

Hablamos de la construcción social del éxito, pero La parte de los críticos, de la crítica, es solo una pequeña parte de ese gran tochazo, sin duda apasionante, que es La historia de la construcción social de la literatura. Sin duda otro motivo para acercarse a 2666.