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miércoles, 30 de marzo de 2016

El nombre de los hombres: Las citas (2 de 4)


No hay paraísos en la tierra, 
no hay cielos en la tierra sino tierra en la tierra

Belén GOPEGUI

i

Soy tan malo que tengo un documento de word donde anoto las citas de los libros que me llaman la atención o que me interesan especialmente, pero algunas de ellas, que sí tienen la referencia del autor, no indican el libro de donde las he sacado. Qué desastre. Eso me pasa con la cita de Belén Gopegui: no sé de qué libro proviene. Y tiene tantos... Gopegui prolífica. Gopegui en la tierra. Gopegui la escritora a la que más leí de los 25 a los 27 años.

ii

No delegar en dioses. Parece una proclama política, y en realidad lo es. No delegar. Me gusta este verso de un poema de Cuaderno de veredas que acabo de colgar en Nueva Gomorra: "gente que multiplica los panes y los peces sin ayuda de dioses". Es del poeta nómada José Pastor. Eso es. El milagro de la tierra en la tierra. El milagro de lo que hemos podido construir en este erial.

iii

El nombre de los hombres en un libro que se arrastra por el barro. La palabra es moldeable y, a la vez, ella misma nos da forma. Esa palabra, capaz de conformar nuestro cerebro, nuestro propio comportamiento, capaz de ponerle muros al cuerpo o quebrar nuestra pretendida frialdad, parece tomar forma de demiurgo, pero tampoco. Porque la palabra es indiferenciable del verbo. Y el verbo somos nosotros: nosotros hechos historia, nosotros hechos memoria; nosotros, digo, seres dolientes que debieran hacerse cargo de su pasado moral. 

iv

Amplificar el presente, hacerlo ancho, implica aceptar la carga de aquello que nos sobrepasa. De nuevo, no delegar. Aceptar lo que se esconde en los huecos mal iluminados de la condición humana. Tomar la tierra. Mascar el polvo que se torna nuestro paladar primario, social. Tierra en la tierra... Qué razón tenías, descreída Gopegui; hace tiempo que dejé de leerla, pero aún me sigo reconociendo en esa frase suya. La segunda cita de El nombre de los hombres.  

sábado, 18 de febrero de 2012

Tocarnos la cara

Hay que leer a Gopegui. Hay que hablar de ella, de su manera de entender la literatura, por supuesto, pero sobre todo hay que hablar de sus novelas. Esta de la que hablo ahora, Tocarnos la cara, es la cuarta que leo de ella. Antes había leído La escala de los mapas, El lado frío de la almohada y La conquista del aire.

Hay un puente que va desde Tocarnos la cara a La conquista del aire. En ambos libros se aborda el tema del fracaso de los proyectos colectivos. Un fracaso que si en La conquista del aire se puede interpretar en clave negativa, en Tocarnos la cara se nos presenta de otra forma, más como un posibilidad entre otras muchas, más como un punto cero desde el cual volver a empezar.

No voy a cometer la torpeza de decir que La conquista del aire es una novela más madura (porque no creo que haya nada de madurez en el descreimiento), pero sí que me parece más contenida, más dialógica. Ahora bien, echo en falta en Tocarnos la cara un mayor comedimiendo a la hora de hilvanar la trama principal con las disertaciones, ciertamente atinadas, con las que Gopegui nos sorprende a cada tanto; si bien es cierto que se agradece el haber dejado definitivamente atrás ciertos excesos de lirismo de los que, en mi opinión, adolecía La escala de los mapas, con diferencia la novela de Gopegui que menos me ha gustado.

No obstante, es una satisfacción encontrar una novelista con esa capacidad para ensanchar sus libros sin necesidad de triviales artificios. Satisfacción que se amplifica por lo prolija que es su obra, algo inusual para una autora de su edad.

Dejaremos para otra ocasión su preclara lectura de la situación actual de la novela y su compromiso político, que en su caso no se reduce exclusivamente a la esfera de lo personal, sino que se hace extensivo a su propio oficio y, por ende, al producto del mismo.

domingo, 16 de octubre de 2011

Gólgota, de Matías Candeira

Estaba deseando que saliera el catálogo de narrativa del INJUVE. Hace unas semanas, justo antes de leer Antes de las jirafas, me enteré de que Matías Candeira, el autor de ese original libro de relatos, había ganado el certamen de narrativa que el Instituto de la Juventud de España convoca anualmente. El premio, al margen de la gratificación dineraria, conlleva la publicación de un catálogo que incluye la obra ganadora y la del finalista. Este año, además, Belén Gopegui, una de las escritoras que sigo desde hace mucho tiempo y que nunca me ha defraudado, ha sido miembro del jurado, así que la apuesta es segura. Por mi parte, espero que el enchufe que supone ser el ganador del concurso hace dos años me valga para que me manden un par de catálogos a casa. Seguro que sí.

sábado, 28 de mayo de 2011

Porras literarias



Qué rabia. Acabo de perder la entrada por un fallo de blogger. Buff! Ya no sé lo que decía antes... Solo queda el título: Porras literarias. Hablaba en esa entrada triturada de que no creo demasiado en las batallas literarias, en la literatura militante. Prefiero estar en la calle. Sí, eso es lo que decía: que prefiero estar en la calle, una vez más delante de las porras volantes de la policía que encerrado en esta habitación revuelta, también insurrecta. La calle. Las plazas. Poco, muy poco tiempo para escribir. Si pudiera elegir la trinchera donde ubicarme eligiría otra que no fuera esta de ahora (la del teclado). Ahora bien, también existen porras literarias, y esa es otra guerra, quizá tan importante. En el mar de mierda de la literatura mercenaria abundan y crecen como ellas solas, las porras literarias, digo. Leed a Belén Gopegui y sabréis de qué os hablo. Leed con la mirada puesta en lo que os rodea y sabréis de qué os hablo. La policía de la literarura te sorprende detrás de, por ejemplo, la palabra productividad. La policía de la literatura aguarda en sus cuarteles y se despliega por las plazas de papel a la primera orden. Mejor deja tus ideas a remojo en el tendedero del balcón si quieres sumergirte en el bálsamo lacustre de la literatura de andar por casa. Mejor no te señales o sácate el carné del partido vencedor. El otro camino es más interesante pero mucho más jodido, eso tenlo claro. En el desierto uno puede ver como un padre de familia puede convertirse en un salvaje si le das un azucarillo con palabras como orden, ley, seguridad... Desde lejos se puede ver como ese ciudadano vestido con armadura de plástico reforzado se convierte en un guerrero garantista del establisment social... ¿A qué os recuerda eso? Sí, policías por todos lados, en las calles y en la literatura. Matrix. Porras voladoras como churros de chocolate: de madrugada, pero con sangre. En todos lados nos tendrán enfrente.