Me pregunto cuántos libros se habrán comprado tan solo por su título... En mi caso, reconozco que unos cuantos. A la mierda la autoestima, dadme lucha de clases, de Jean-Philippe Kindler, es uno de ellos. Me acerqué a este libro por el título, sí, pero también por una cuestión a la que no paro de darle vueltas últimamente y que, intuía, podía abordarse en este ensayo de apenas 111 páginas.
Sin duda alguna, uno de asideros más importantes del capitalismo de pantallas ha sido la socialización exitosa de un mantra estúpido y engañoso: ¡tú puedes con todo! Pareciera que la solución a todos nuestros problemas estuviera en nuestras manos y que solo se tratase de hacer caso de los consejos del coach de turno e intentarlo en serio. Es como si todo fuera una cuestión de actitud.
Bajo mi punto de vista, lo mejor del libro de Kindler es, primeramente, el desvelamiento de esa ilusión, pero, sobre todo, la forma en que lo hace. Porque no se necesita dar vueltas una y otra vez en torno al mismo argumentario para que este tenga fuerza. Qué va. En este caso, el autor alemán articula su análisis en torno a unas pocas ideas sólidas, plasmadas de forma breve y bien articuladas entre sí.
Precisamente, una de esas ideas fundamentales del libro sea la industrialización de las distintas ramas de la psicología positiva y la autoauyuda; un análisis poco original, claro está, pero que en este caso es presentando de manera sencilla y convincente: «En contraste con la psicología tradicional, orientada a la patología, la psicología positiva pretende centrase en los aspectos positivos de la vida humana, especialmente en la felicidad individual, que es presentada como aquello que cada uno logra trabajando en su propio yo, independientemente de las circunstancias económicas».
Y como lado oscuro de lo anterior, la construcción de unas subjetividades atravesadas por la idea del éxito social, la optimización del branding personal y la autoafirmación en una singularidad egótica y abstraída de la realidad material. Escribe Kindler: «Lo singular es un producto cultural de masas disponible en el mercado, producto especialmente jugoso para los coaches de la felicidad».
Nos encontramos, por tanto, con un panorama hostil a la trama de sociabilidad que posibilita la urdimbre de sujetos colectivos fuertes, capaces de sostener luchas comunes que atajasen de raíz las causas de los problemas colectivos cuyo padecimiento es individualizado y enajenado de su origen estructural.
Por eso mismo, el autor plantea que es necesario volver a situar la lucha de clases en el centro del proyecto político de la mayoría social. Y esto, que pudiera parecer el enésimo panfleto contra la izquierda de las identidades, no lo expone de manera especialmente elaborada; tampoco echa mano de un marco teórico que le aporte autoridad. Muy al contrario, para esta parte concreta de la obra maneja un registro bastante coloquial, de militante de base.
Sea como fuere, se agradecen estas pequeñas obras, sugerentes por su análisis pero también por su atinada contención y su falta de impostura.
-Publicado en el número 2 de la revista Esporas.








