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domingo, 12 de enero de 2025

Cartas a Sergi (III)

Hola Sergi.

No sé muy bien cómo escribirte esta tercera carta. Tengo ideas sueltas, aparentemente inconexas, que me rondan desde hace unos días, pero no sé muy bien cómo trazar el puente que las una. Por un lado, no sé, me gustaría contarte que he apuntado unas cuantas reflexiones sobre la relación entre compulsividad, angustia y redes sociales. Ayer, por ejemplo, pensé que la exposición constante de nuestra imagen, su difusión a través de nuestras redes, no tiene tanto que ver con una necesidad constante de validación externa, que también, sino con el miedo a la invisibilidad. Y ese miedo, creo, conecta directamente con otros miedos más callados: el miedo a la soledad, el miedo al silencio, el miedo al aburrimiento, el miedo a la quietud. Y si lo pienso bien, entiendo perfectamente que esos miedos se activen a través de una sensación de angustia; una sensación que impide cualquier tipo de recogimiento y desaparece, claro está, cuando nos zambullimos en ese abismo de estímulos visuales y parloteo superficial del que siempre salimos de la misma forma... Con el pellizco del vacío haciendo mella en una conciencia que no se deja engañar por la química de las pantallas.

Y luego, cómo te explico que todo esto conecta con algo diametralmente opuesto; cómo te explico que a principios de semana, muy temprano, tuve que parar el coche en un carril de aceleración porque A fragile thing, de The Cure, casi me despedaza. No sabría cómo explicarlo, pero es como si al escuchar los primeros acordes me hubiera convertido en el niño que los escuchó por primera vez hace más de treinta años. No sabría cómo explicarlo, te digo, pero allí, parado en el arcén, pensé que aquella canción solo estaba sonando para mí y que hay algo oscuro, auténtico, bello y peligroso en el camino de quien decide apartarse. Porque, pregunto, qué será hoy vivir una vida al margen de la mirada ajena, qué será hoy vivir una vida de recogimiento, silencio y sencillez...

Three imaginary boys, el primer álbum de estudio de The Cure, se publicó en 1979, justo el año en que nací. Parece increíble, pero ahí siguen, cuarenta y cinco años después.   

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«Cartas a Sergi» es una serie de entradas escritas tras la lectura de Ayuno digital, de Sergi Onorato Esteve (Descontrol. Barcelona: 2023), y publicadas originalmente en La Banda de los 4.

martes, 17 de diciembre de 2024

Cartas a Sergi (II)

Hola Sergi.

Te escribo rápido. Me he despertado temprano para anotarte unas líneas antes de ir al trabajo.

Precisamente, hoy te quería hablar del tiempo. En el verano, cuando seguí tus consejos de ayuno digital y le di de lado a las redes sociales, empecé a pensar en mi relación con el tiempo; no solo sopesé cuántas horas y minutos paso a lo largo del día en el espejo del móvil, sino qué hago con mi tiempo, cómo lo estoy gastando y, sobre todo, cuál es el ritmo que me marco para hacer las cosas, es decir, cuál es mi velocidad.

En la escuela me enseñaron que velocidad es espacio partido por tiempo. Pero ahora sé que es mucho más. En esas semanas de vacaciones de las que te hablo, mientras leía en la playa o paseaba, casi de noche, por los caminos de mi pueblo, le he dado muchas vueltas a mi concepción del tiempo. Sí, yo también me dejo llevar por esa extraña forma de compulsión con la que lo hacemos todo. Me siento como un autómata cuando agarro mi móvil sin saber concretamente qué quiero hacer con él. Me siento como un autómata cuando entro de cabeza en la espiral infinita de tareas diarias, muchas de ellas fútiles o desprovistas de una significación tangible. También me siento como un autómata cuando, en vez de sentir mi red de afectos como un sostén, la pienso como una trampa. Me siento como un autómata cuando me siento incapaz de construir en mi cabeza un mundo distinto al que heredé de la cultura dominante.

Pero, ¡ojo!, que he tomado decisiones. ¡Me he comprado un reloj! Es pequeño, ligero y sobrio; negro y dorado, funcional. Me lo compré, sobre todo, para no tener que mirar el móvil cada vez que quiero saber la hora. Aunque también lo uso como un amuleto que, si bien me recuerda mi capacidad de incidir sobre el cómo quiero pasar mis días y noches, también hace visibles cuáles son mis cadenas. Porque sé para que se inventaron los relojes... Conozco cuál fue su papel en la configuración social del capitalismo durante la modernidad y cómo contribuyeron a enajenar el tiempo de las personas, secuestrando nuestras vidas en una maraña de dictados y normas sociales cuya única finalidad es enriquecer a unos pocos.

Acabo ya. Esa reflexión sobre el tiempo también la he alimentado con la lectura de unos cuantos libros que abordan el tema de una manera más o menos directa. El que más me gustado ha sido El tiempo regalado, de Andrea Köhler, un ensayo que daría para otra carta, y que tengo lleno de páginas dobladas y subrayados. Este es uno de ellos: «El ser consciente de que está vivo porque ha sido tocado por la muerte es el hombre».

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«Cartas a Sergi» es una serie de entradas escritas tras la lectura de Ayuno digital, de Sergi Onorato Esteve (Descontrol. Barcelona: 2023), y publicadas originalmente en La Banda de los 4.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Cartas a Sergi (I)

Hola Sergi.

Nos dijiste que cuando acabáramos tu libro, te escribiéramos una carta y es lo que voy a hacer. Pero de otra manera. A mí manera. Escribiéndola aquí, en mi blog. Y esta será la primera de todas.

No sé muy bien cómo empezar. Tengo muchas notas e ideas en la cabeza, pero me resulta complicado sintetizar en unos cuántos párrafos todo lo que he sacado en claro tras leer tu ensayo. Aunque en realidad, no he encontrado muchas respuestas. Y eso está bien, no te preocupes. Está bien porque lo que sí que he hallado han sido muchas preguntas, algunas incómodas, que no solo me interpelan a mí. Preguntas que tienen que ver con nuestra manera de habitar el mundo.

Pero hoy no quiero detenerme en eso. No voy a hablar de cómo me relaciono con el teléfono móvil o de cómo me afecta la comunicación por redes sociales; tampoco me apetece contarte cómo padezco la sensación de que todo se acelera y que me falta tiempo... De momento, lo dejaré para otras cartas.

Hoy prefiero hablarte de otra cosa. Te hablaré de mi paseo por el campo. Hoy es 1 de noviembre y echo de menos a mi padre. Mi madre ha limpiado su tumba. Yo y mis hermanas le hemos comprado un ramo de flores. Las tres han rezado frente a su lápida... Sin embargo, yo estoy lejos. Estoy lejos cuando lo echo de menos. Estoy lejos cuando salgo de casa buscando paz. También cuando el teléfono suena, aflojo el paso y Araceli me habla por una ventana que cabe en la palma de mi mano.

Esta tarde ha hecho buen tiempo. A medio camino, cerca del bosque de pinos, he oído el sonido de las garzas. He tenido la suerte de verlas pasar. Como siempre que las veo, he sentido como mi cuerpo se inunda de esperanza. Es difícil explicarlo. 

Poco después, cerca de un charco, he visto en el suelo una chaqueta de lana oscura. Manchada de barro, en sus pliegues, destellante bajo el sol, un enjambre de mariquitas como un río de sangre. Con la piel erizada, he sentido algo a medio camino entre la repulsión y el pasmo.

Luego he atravesado el llano. A la orilla del camino, a uno y otro lado, la tierra calma, lista para otro ciclo de cultivo. Hace unos días escribí un poema sobre este paisaje. «Todo puede comenzar de nuevo»; así terminaba.

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«Cartas a Sergi» es una serie de entradas escritas tras la lectura de Ayuno digital, de Sergi Onorato Esteve (Descontrol. Barcelona: 2023), y publicadas originalmente en La Banda de los 4.