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sábado, 28 de diciembre de 2013

10 del 2013 (aunque no de libros)

 

Vale, es música, pero he pasado mucho tiempo escribiendo -a veces dentro de este mismo blog- con estos temas de fondo. Ha sido difícil elegirlos. Ha sido mucho más fácil entrar en el juego de las listas de final de año, porque tenía ganas de confeccionar una; aunque no de libros. Os remito, sin embargo, a esta otra lista literaria, la de Bernardo Munuera, que contiene un buen puñado de propuestas de lectura para el año que viene (yo al menos me lo he tomado así).

ADVERTENCIA: Aunque os lo parezca a algunos, no hay inocentadas en este escueto post.

sábado, 9 de marzo de 2013

Hiperviolentos, en la línea de salida


Si todo va bien, dentro de unos meses se publicará, ¡por fin!, El Club de los Poetas Hiperviolentos y otros relatos, el libro de cuentos en el que he estado trabajando estos últimos años.

El proceso de corrección ha sido largo y se han caído cuatro relatos que no me acababan de gustar. Por lo demás, el libro tiene poco que ver con 50 pasos para dar el salto o Cuento y aparte. Los cuentos son mucho más largos y el conjunto es menos ecléctico. Por otro lado, el manuscrito ha tenido un par de lectores de cabecera que me han ayudado a mejorarlo mucho. Uno ha sido Bernardo Munuera, de La manía de leer, y otro Sergio R. Franco, amigo y compañero de aventuras.

El libro se cierra con un Anexo para fanáticos (del cuento, se sobrentiende) donde le propongo un par de juegos al lector. De momento no os doy más pistas.

domingo, 9 de diciembre de 2012

El incendio milenarista

Entre los libros que guardo de los sucesivos potlatch con Bernardo Munuera, de La manía de leer, hay uno que leí hace bastante tiempo y que merece un comentario breve. Creo que es el primero que intercambié con él. Luego vinieron otros: ensayos exquisitos como La cena de los notables, clásicos desconocidos como Kanikosen, el pesquero, y obras maestras de la ficción breve como De mecánica y alquimia, de Muñoz Rengel.


No es la primera vez que hablo de El incendio milenarista. Ya lo hice en transhistoria, un espacio aparentemente más adecuado para comentar este tipo de obras, pero ahora que repaso algunas anotaciones que tomé mientras leía, me doy cuenta de que merece que volvamos a hablar de él, en este caso aquí, en La banda de los 4, el blog de esta especie de secta unipersonal.

No sé si os pasó a vosotros, pero cuando estudiaba historia nunca me interesaban los personajes principales. Sí, la historia, tal y como es impartida en la educación primaria y secundaria, se parece mucho a la literatura, con sus protagonistas, su trama y los antagonistas malotes que siempre vienen a chafarlo todo... Por ejemplo, cuando en su día tocó el tema de la reforma protestante, nadie me habló de los anabaptistas ni de los artesanos a las ordenes de Thomas Müntzer, el acuñador, ni de la revuelta husita ni del movimiento de los flagelantes. Ningún profesor nos enseñó que fueron las guerras campesinas las que verdaderamente amenzaron el orden social vigente en la Europa del siglo XV y no las 95 tesis clavadas por Martin Lutero en las puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg. El destino del mundo parecía depender de los antojos sexuales de personajes como Enrique VIII, de los episodios místicos de Felipe II o de las ganas de comerse el mundo del avaricioso de Carlos V, el que se parece a Rajoy.

 Carlos V, de Fernando Checa

Leer El incendio milenarista nos ayuda, por tanto, a complejizar, algo que resulta imprescindible hoy en día, cuando la abulia, la pereza y el gusto por lo mal hecho, parecieran incuestionables. Su lectura nos ayuda a entener qué de medieval seguía teniendo lo que los historiadores llamaron luego la Edad Moderna. También nos permite intuir la correlación de fuerzas existente entre los distintos movimientos sociales de ese periodo histórico, sin duda tan liminar. En otras palabras, bucear en la historia de la heterodoxia nos aporta una mirada que posibilita entender el desarrollo de la gran historia de una forma más natural, sin necesidad de saber cómo se levantó el Emperador el día de la Batalla de Mühlberg.

En definitiva, una lectura recomendable, ya no solo para los historiadores que todavía se hagan preguntas, sino para los lectores curiosos a los que les gusten los personajes colectivos y las historias condenadas al fracaso.

domingo, 5 de febrero de 2012

Misceláneas domingueras

i

A tiempo para mi cita semanal con el Cifu; café, tostadas, ganas de trabajar... Tengo una montaña de apuntes de Antropología del Parentesco sobre la mesa y una calculadora afilada, lista para hincarle el diente a la bestia cuantitativista. Abominar de la estadística se está convirtiendo en un resorte absurdo. El jazz, menos mal, amansa a las fieras, les acaricia el lomo. Ya está bien... La Banda de los 4 está de siesta en la trinchera. A lo lejos suena el estallido del primer obús.

ii

Pelea entre comunistas e integrantes del Reichbanner, la milicia del SPD. Fuente.

¿Cuántas historias a medias? Pienso, por ejemplo, en la que apareció este verano como si fuera un niño que hubieran abandonado en la puerta de mi casa. Os hablo de una historia con la frente amplia de Otto Dix al fondo. Un transhistórico frontón. De nuevo la Alemania de entreguerras: pasar la madrugada estudiando la evolución de la guerra callejera entre las bandas paramilitares de los partidos políticos. Dejaremos las conclusiones, el resumen hecho ayer, para mi blog de historia, que algunos dicen que lo actualizo demasiado poco.

iii

También toca seguir destripando el primer número de la nueva revista Estudios, en cuyo consejo de redacción me han metido a pescozones, de manera inteligente, sí, pero ariconándome, aun de forma dulce. Si a un gato te lo llevas a una esquina y sin dejarle más salida te pones a contarle un cuento, qué hace, eh, qué es lo que hace... Pues dormirse como un niño chico. Por eso no me queda otra que abrir un nuevo frente (Operación Barbarroja: miles de nazis medio muertos deambulan desesperados por la calcinada estepa rusa).

iv

Gabriel Celaya contando un chiste

La poesía es un arma cargada de futuro. Eso era lo que decía Celaya, cuyo centenario celebramos este año. Lo he leído poco, desde luego; de su quinta he leído mucho más a Blas de Otero, aunque jamás prestaría alguno de sus libros. Sin embargo, hace poco he introducido en mi particular potlatch con Bernardo Munuera un libro que antologa lo mejor de la obra poética de Raymond Carver; hablo de Todos nosotros, nada más y nada menos que uno de los cinco libros que eligió Philip Rogina antes de abandonar a su mujer.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El zoológico de Claudia

Cuando empecé a escribir siempre pensé que lo importante era precisamente eso, escribir. Escribir para publicar, y que me leyeran, me criticaran y, de paso, ganarme un poco de legitimidad (sobre esto hablaremos relativamente pronto). Ahora lo más importante ha dejado de ser eso, escribir, y su sitio lo ha ocupado una extraña forma de habitar el mundo... Ahora solo uso el mapa de la literatura. Ahora leo, sí, primero leo, y después escribo. Publicar debiera ser una consecuencia lógica de lo anterior y no el motor de todo.

Tengo la certeza de que Claudia también deambula por el mundo con las mismas maletas que yo, aunque hay diferencias. Ella se mueve, yo no. Ella es una viajera nata. Yo soy algo parecido a un derviche enfermo y algo loco. Me planto y me doy vueltas. Me planto y no me aburro. Me planto, pero nunca echo raíces. A Claudia también le interesa el desarraigo. Lo cuenta y no lo cuenta en su diario. Al lío: quiero hablar de Diario de las especies, el libro de Claudia Apablaza.

Me llegó a través de Blumm, con el que desde hace tiempo intercambio libros. Él le envío a Claudia 50 pasos para dar el salto..., y un día se presentó en mi trabajo para prestarme Diario de las especies, ese libro raro. ¿Qué es un libro raro? No lo sé bien, pero os puedo decir que, aparte de raro, es un libro nuevo, cercano y a la vez extraño, diferente para casi todo el mundo y familiar para todos aquellos que desde hace años utilizamos los blogs como campos de tiro (cuando hablo de familiar pienso, por ejemplo, en La Familia Monster). No os voy hablar del argumento. Solo diré que es un diario. Pero sí queréis saber qué significa hacer de la literatura el personaje principal de un libro, leed el libro de Claudia. Sabréis de qué demonios hablo cuando digo que habitamos el planeta de una forma extraña. Algunos le llaman a todo esto metaliteratura, pero no me interesa especialmente esa etiqueta. Prefiero pensar que la vida de un lector puede ser un argumento más que suficiente para escribir un libro que sume.

De todas formas, si queréis saber más de esta autora chilena afincada en Barcelona, podéis echarle un vistazo a su blog. Yo entro a menudo. Su zoológico es gratis.

lunes, 1 de agosto de 2011

Escritores en el frente ruso

Soldados soviéticos en la defensa de Stalingrado, 1943

-¿Y tú qué vas a hacer en vacaciones?
-Leer y escribir.
-Pues vaya vacaciones de mierda.
..

Lo de antes es un pequeño extracto de una conversación imaginaria. Tengo un vecino que sabe lo que es la vida de verdad, por eso cada agosto se va con su mujer y sus chiquillos a Torrenueva. A perderse, dice, como si se hubiera encontrado alguna vez. En mi tierra, a este tipo de personajes los llamamos sabeores. Pues eso, un sabeor de la pradera (sabedor de la pradera para los que habitéis al otro lado de Despeñaperros).

Leer y escribir, pero escribir dónde. Un buen amigo me dice que tengo demasiados frentes abiertos, y en verdad lleva razón. Pensar en frentes de guerra y en batallas monstruosas me hace recordar El Tercer Reich, de Bolaño, otra lectura veraniega. Entre sus libros, uno menor. Decía que demasiados frentes, pero cómo centrarse en uno... Él me dice que antes de empezar otro proyecto debería terminar de corregir los viejos. Aunque sé que su consejo no es exactamente ese, sino otro bien distinto. En realidad me está diciendo que no escriba más hasta que no vea publicado mi siguiente libro. Explea tu tiempo, quiere decir, en colocar tu obra, puto gilipollas, y no escribas más. Me lo dice con cariño, a pesar de que no me lo diga directamente, pero me lo dice con cariño y yo lo sé. Pero no, este verano tampoco voy a hacerle caso: pienso escribir de todo un poco, no me voy a cerrar en un solo proyecto. Voy a corregir, sí, voy a repasar el último libro de relatos que he cerrado, pero no voy a perder el tiempo. Quiero disfrutar, hacer de la literatura una casa en las afueras, un pequeño apartamento en primera linea de playa, pero en invierno.

Aunque bien es cierto que su consejo es oportuno. Desde un prisma, digámos, racional, digamos lógico, es muy oportuno su consejo. Y cuando pienso en el adjetivo oportuno estoy pensando más que nada en no perder oportunidades. Pero oportunidades de qué y para qué... No lo es todo publicar y tampoco ser leído. Recuerdo una entrada de Desóxido donde Bernardo Munuera hablaba de los pocos ejemplares que se habían vendido de una interesante novela de Esther García Llovet. Y además pienso en todos aquellos que salieron a darlo todo y perdieron todas las guerras, y me parecen mejores. Quizá no se trate tanto de organizar el trabajo como de tener ganas de trabajar, que es bien distinto.