Acerco La caja de música a La Banda de los 4. Puentes, como este tema, sin duda la canción de la semana. La última vez que lo escuché tenía diecinueve años y escribía poemas como quien planta zanahorias. El lunes pusieron uno de sus temas en Radio 3 y ahora me los traigo aquí. No son muy conocidos, pero me han interesado siempre: The Wipers, pura protohistoria grunge. Me gustan sus canciones largas, hipnóticas, que revientan al final. Temas pesados como 2666, duros como las casi cuatrocientas páginas de La parte de los crímenes. Y eso, quién demonios lo soporta... ¿Quién? Un fanático o un obsesivo-compulsivo incapaz de dejarse un libro a medias. La dureza de su relectura (por si no sabéis de que os hablo, imaginad, por ejemplo, la mano de una adolescente muerta asomando, ya casi podrida, por encima de la arena del desierto de Sonora) me atiza el viernes noche. Una que yo me sé hablaría de droga intelectual.
Mantra sobre mantra. Los crímenes, uno detrás de otro, y los cinco últimos minutos de Youth of America, parecen cabalgarse juntos. No sé quién de los dos está más loco: el chileno mediomundo que quiso escribirse una novela tumba o los Wipers, componiendo estos temazos metanfetamínicos cuando la psicodelia estaba más muerta que las muertas de Bolaño. Apuestas se diría que suicidas. Según se mire, extrañas formas de valentía o imbecilidad.
Mantra sobre mantra. Los crímenes, uno detrás de otro, y los cinco últimos minutos de Youth of America, parecen cabalgarse juntos. No sé quién de los dos está más loco: el chileno mediomundo que quiso escribirse una novela tumba o los Wipers, componiendo estos temazos metanfetamínicos cuando la psicodelia estaba más muerta que las muertas de Bolaño. Apuestas se diría que suicidas. Según se mire, extrañas formas de valentía o imbecilidad.