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domingo, 18 de noviembre de 2018

Apuntes para la presentación de 'El nombre de los hombres', de Araceli Pulpillo

Portadilla del folleto
Hace mucho tiempo que no actualizo este blog. Entre el trabajo, la editorial y las mil historias pendientes, apenas si puedo sacar tiempo para este espacio que -así lo pensé muchas veces- debería visitar asiduamente.

En todo caso, hoy he tenido un poco de tiempo para montar un pequeño folleto que tenía entre manos desde hace meses. Se trata del texto que Araceli Pulpillo escribió para la presentación de El nombre de los hombres (Baile del Sol. Tenerife: 2016) en Madrid (nada menos que en octubre de 2016).

Hay dos formas de leerlo. O bien en mi perfil de Issuu. O en este enlace de Google Drive.

domingo, 25 de junio de 2017

Lo importante ya está dicho


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Una red social, tan escrupulosamente atenta al calendario como al grosor de la cartera de su joven creador, me recuerda que hace un año publiqué un libro. Como si no tuviéramos bastante con las pesadillas, la maquinita también se encarga de ponernos frente a frente con un pasado que, a veces, queremos dejar atrás definitivamente. En todo caso, aquí está la imagen asociada a la fecha en la que leí, como recién nacido por segunda vez, El nombre de los hombres, ese poemario que me armó tanto por dentro y de cuya escritura no salí indemne.

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Un libro más. Una excusa para seguir habitando en las grietas de la literatura, ese espacio donde guarecerse del sometimiento, o eso quiero pensar. Lo he dicho en otras ocasiones, nuestros libros no son los más importantes. Jamás llegarán a serlo. Cada vez me encuentro con más autores a los que les satisface poco la lectura de los clásicos, incluso los contemporáneos, y solo pasan revista a las maravillosas novedades de su puñado de amigos, como si solo tuvieran tiempo para otear el eco de sus versos en la tripa de los poemarios afines. Qué pobreza. No sé qué sentido tiene la literatura entonces. 

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Más allá de lo anterior, la literatura no nos salvará de nada, aunque sea un nido amable. En mi caso, El nombre de los hombres es un texto que nace del dolor y la desilusión, de la falta de esperanza y, sin embargo, también de las ganas de luchar, del afán de no dejarse engañar por las monsergas de los sepultureros. Precisamente por lo anterior, mi propia lectura es lo que le da sentido a una obra que cada uno puede leer a su manera, o no leer siquiera. Porque, sí, la literatura es tan ancha, tan honda y gratificante que al final uno se da cuenta de que no importa el destino que corran nuestros libros. Lo importante ya está dicho, pero sigamos escribiendo. Como escribe Alberto García-Teresa en su último poemario, tenemos todo el presente por delante, y escribir es una buena forma de hacerlo vibrar.

sábado, 7 de mayo de 2016

El nombre de los hombres: Las citas (4 de 4)


Al final,
lo indecible se dice.

Manuel LOMBARDO

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Esta es la última de las cuatro citas. Cerramos capítulo con ella, la que quizás sea más importante. Hablamos de este par de versos de Lombardo Duro.

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Leo a Manuel Lombardo desde hace mucho tiempo. Concretamente, desde que descubrí un libro suyo por azar en la biblioteca de la universidad. Se trataba de No, a mi modo de ver, uno de los cinco mejores libros de su extensa obra. A partir de entonces, encontré aliento en algunos de sus interrogantes. Me atrapó especialmente esa poesía desapegada del mundo, se diría que casi sin referentes matéricos; una poesía intemporal, desubicada, dotada de una fuerza que parecía nacer de sí misma, muy lejos de los anecdotarios casi novelados que leíamos-escribíamos entonces, y también ahora.

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Sin embargo, ha pasado un tiempo desde que escribí El nombre de los hombres y ahora siento que hay algo que me distancia de esa cita, que podría confundirse con la palmera en llamas que ilumina la noche desértica por donde transita —medio perdido, sacudido por la sed y alimentado por una extraña determinación— el sujeto lírico del poemario. Ya no lo creo. No, lo indecible no se dice nunca, no se puede pronunciar. Sería más bien al contrario: lo indecible nos conforma, habla por nosotros, revela mucho más que oculta. Lo indecible alumbra lo inútil del esfuerzo, deviene en verdad intransigente que, no por ignorada, deja de existir, deja de trazar los límites.

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Y entonces, por qué no detener la búsqueda. Y si el silencio fuera... Y si las palabras fueran... Otra vez balbuceando. Vuelvo a ignorarlo todo. Hace poco hablaba con un amigo a propósito de las trampas que nos tienden las palabras. Eso es. Recuerdo, una vez más, esa pequeña lección que aparece en las primeras páginas de La carretera, cuando el padre le dice al hijo que tenga cuidado con lo que se mete en la cabeza. Las palabras, entonces, como insobornables carceleras, operando más allá y más acá de aquello que se logra pronunciar. Quizá esté ahí su fortaleza: en su poder para dejarnos ciegos, en su poder para engañarnos, en su poder para sembrar cizaña en nuestro trigal.

sábado, 9 de abril de 2016

El nombre de los hombres: Las citas (3 de 4)

Celso Emilio Ferreiro

Esa palabra existe 
y tenemos que buscarla sin descanso

Celso Emilio FERREIRO

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Yo nací el año en que murió él. Me refiero al poeta Celso Emilio Ferreiro.

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Yo no le conocía de nada. Pero un día, poco antes de salir de la Biblioteca Provincial de Jaén, vi un par de libros sobre una pequeña mesa. Estaban disponibles por expurgo. Uno de ellos, Poetas gallegos de posguerra, una antología de Basilio Posada, reunía unos cuantos poemas de este magnífico poeta, al que ligeramente empecé a conocer entonces. Me llevé el libro a casa.

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Sé que es imposible conocer a un hombre por lo que escribe. Yo no lo pretendo. Pero realmente quise levantar un libro sobre esa precisa cita. Entonces tomó forma algo que, acaso unos meses antes, solo pude intuir. El libro, El nombre de los hombres, se prefiguró de súbito. Supe que tenía que escribir ese poemario. Y esa misma noche, un sueño, un par de imágenes... La de la palmera en llamas. Y la otra. La que no se nombra.

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Esa palabra existe, claro, y tenemos que buscarla sin descanso.Una palabra para nombrar de nuevo al hombre. Una palabra, que transite la utopía, y acaso jamás sea precisa. Dice Riechmann que dice Gelman que la palabra justa pertenece al reino de la muerte. Pero sé por qué lo dice. La cita pertenece al ensayo El siglo de la gran prueba; la encontramos en la página 16.

v

Y qué será de todos aquellos poetas secretos, grandes poetas, anchos y hondos, tragados por la historia de la literatura a secas. Qué será de nosotros, aquellos que los leímos con los ojos como platos y la lengua desgarrada, con envidia y fascinación. Desapareceremos sin dejar rastro, con nuestras voces sepultadas en la arena de la noche equinoccial, felices de una forma extraña. 

miércoles, 30 de marzo de 2016

El nombre de los hombres: Las citas (2 de 4)


No hay paraísos en la tierra, 
no hay cielos en la tierra sino tierra en la tierra

Belén GOPEGUI

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Soy tan malo que tengo un documento de word donde anoto las citas de los libros que me llaman la atención o que me interesan especialmente, pero algunas de ellas, que sí tienen la referencia del autor, no indican el libro de donde las he sacado. Qué desastre. Eso me pasa con la cita de Belén Gopegui: no sé de qué libro proviene. Y tiene tantos... Gopegui prolífica. Gopegui en la tierra. Gopegui la escritora a la que más leí de los 25 a los 27 años.

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No delegar en dioses. Parece una proclama política, y en realidad lo es. No delegar. Me gusta este verso de un poema de Cuaderno de veredas que acabo de colgar en Nueva Gomorra: "gente que multiplica los panes y los peces sin ayuda de dioses". Es del poeta nómada José Pastor. Eso es. El milagro de la tierra en la tierra. El milagro de lo que hemos podido construir en este erial.

iii

El nombre de los hombres en un libro que se arrastra por el barro. La palabra es moldeable y, a la vez, ella misma nos da forma. Esa palabra, capaz de conformar nuestro cerebro, nuestro propio comportamiento, capaz de ponerle muros al cuerpo o quebrar nuestra pretendida frialdad, parece tomar forma de demiurgo, pero tampoco. Porque la palabra es indiferenciable del verbo. Y el verbo somos nosotros: nosotros hechos historia, nosotros hechos memoria; nosotros, digo, seres dolientes que debieran hacerse cargo de su pasado moral. 

iv

Amplificar el presente, hacerlo ancho, implica aceptar la carga de aquello que nos sobrepasa. De nuevo, no delegar. Aceptar lo que se esconde en los huecos mal iluminados de la condición humana. Tomar la tierra. Mascar el polvo que se torna nuestro paladar primario, social. Tierra en la tierra... Qué razón tenías, descreída Gopegui; hace tiempo que dejé de leerla, pero aún me sigo reconociendo en esa frase suya. La segunda cita de El nombre de los hombres.  

jueves, 17 de marzo de 2016

El nombre de los hombres: Las citas (1 de 4)


husmeando por las ruinas con un palo

Patti SMITH

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Esta es la primera cita de El nombre de los hombres. Pertenece a Babel, un libro de Patti Smith que leí hace más de cinco años y del que dejé un breve subrayado en esta entrada de Nueva Gomorra

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También en este blog doy cuenta de una historia que funciona a modo de campo de pruebas para otra cosa; me refiero a la etiqueta Detroitus, donde un personaje pelea por sobrevivir en una ciudad abandonada y en ruinas que, de alguna forma, parece ser el espejo de lo que ocurre con el mundo más allá de los límites estrechos de sus calles.

iii

Todos hemos visto nuestra vida hecha pedazos alguna vez. Ha podido ser por un fallecimiento o por una ruptura, por lo que sea, pero a veces una parte de lo que hemos construido se viene abajo sin remedio y solo queda empezar de cero. Después de varias experiencias de este tipo, he aprendido que en esos momentos lo mejor es no apartarse, huir del sitio. No se trata de regodearse, sino de perderle el miedo a la confusión, el polvo, el aturdimiento... De hecho, en ocasiones no queda otra que recomponer la casa con lo que uno ha salvado del desastre. Por eso, y a pesar del dolor que siempre conlleva, escarbar en los escombros puede ser la única manera de recuperar aquellas cosas valiosas que perdimos con el derrumbe.

iv

No sé si puede ser una lectura particular, pero esta cita se relaciona, sobre todo, con la primera sección del libro: Sed. En ella es donde comienza la búsqueda. Los dos primeros poemas anuncian cuál es el escenario de partida de todo el poemario; son estos:

I

EN el principio de todo
-dice la Biblia-
fue el Verbo,
y el Verbo era Dios,
su misma carne.

Pero si Dios ha muerto,
dónde se encuentra
                                ahora
el Verbo
si no es el vacío
de este paraíso en ruinas.

II

YO no sé.
Pensé que el Verbo
se hallaba en la tumba
donde enterramos a Dios;
pero tampoco.

Hundí mis manos
en la tierra
y rebusqué sin miedo.

Solo encontré
restos podridos.

* Fuente de la foto de la cabecera del post AQUÍ.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Sobre el proceso creativo de "El nombre de los hombres"

Baile del Sol.- El nombre de los hombres es un poemario que parece narrar una historia, ¿qué camino dirías que recorren sus poemas

Juan Cruz López.- Supongo que el del acabamiento. Y no es malo. Mi intención, que está detrás de mi propia lectura de la obra, era construir un sujeto poético cuya corporeidad fuera porosa o indiferenciable con respecto a su propio lenguaje. Por eso mismo, los poemas incorporan una biografía propia, también finita. 

BdS.- Encontramos búsqueda, vacío, soledad, desconcierto, un cierto cuestionamiento del existencialismo en los versos... 

JCL.- El poemario, a pesar de las lecturas ficcionales, nace de un contexto personal en el que estaban muy presentes algunas de esas ideas que citas, sobre todo la de búsqueda… Por otro lado, empecé a trabajar El nombre de los hombres en un periodo de cierto aislamiento o recogimiento, y eso también se hizo presente en la composición del libro. 

BdS.- ¿Es la poesía un lenguaje adecuado para plantearse la trascendencia

JCL.- Por supuesto, de hecho creo que es un espacio privilegiado para ello. Remarco lo de «espacio» porque, ahora mismo, opino que lo poético desborda lo comunicacional y, de alguna manera o de otra, configura un territorio por explorar donde decir/escribir no es lo más importante. 

BdS.- ¿Qué acontecimientos, pensamientos o lecturas te han llevado hasta El nombre de los hombres? 

JCL.- Compuse este poemario hace unos años, cuando —por decirlo de alguna manera— me encontraba agotado. Y seco. Los libros, como siempre, fueron importantes para mirar con otros ojos. Si tuviera que quedarme con algunas lecturas del momento, podría citar varias: la obra de Georg Trakl, la de Manuel Lombardo y el Antiguo Testamento. 

BdS.- Hacia el final del libro parece que el amor se eleva como única forma de comprensión, ¿podría serlo

JCL.- En un sentido amplio, tal vez sí. En el poemario creo que se vislumbra una lectura del amor que podría ser pre-cultural, algo que quizá nos haga intuir formas de identidad pretéritas, anteriores a la construcción de nuestra subjetividad como individuos dóciles. En ese sentido, no me interesa tanto lo que podemos comprender a través del amor, sino lo que hay detrás de todo lo que no comprendemos de él. Ese es el lugar que se busca en el poemario. 

BdS.- También le das mucha importancia a la palabra, al nombre, al Verbo..., ¿pueden las palabras desvelar los misterios de la existencia

JCL.- Son una llave. 

BdS.- ¿Qué diferencias encuentras como autor entre la narrativa y la poesía? 

JCL.- Conforme va pasando el tiempo, me voy dando cuenta de que, escriba lo que escriba, me siguen interesando los mismos temas, solo que poco a poco se van difuminando las fronteras entre un género y otro. No es algo que haya hecho a propósito, desde luego, pero me siento muy cómodo en terrenos liminares como el de la autoficción. Más allá de eso, para mí la poesía desborda los márgenes de la literatura y, quizá por ello, tiene mucho que ver con el silencio. 

BdS.- ¿Cuáles dirías que son tus principales referentes literarios

JCL.- ¡Buf! Sinceramente, me sería muy complicado responderte, pero hay ciertas literaturas que me han interesado siempre; la narrativa centroeuropea, por ejemplo, o la norteamericana de posguerra. Sigo leyendo novelas de aventuras y clásicos de ciencia ficción. En poesía, siento especial predilección por la Generación de los 50. También me interesa la tradición epigramática y, con respecto a lo presente, la poesía de la conciencia crítica. 

BdS.- ¿En qué proyecto estás trabajando actualmente? 

JCL.- En varios a la vez. De hecho, ahora mismo estoy finiquitando alguno de ellos. Concretamente, dentro de un par de meses publicaré mi tercer libro de cuentos y, si todo marcha bien, cerraré un nuevo poemario antes de que acabe el año. Avanzo poco a poco, la verdad, pero bien es cierto que intento no dejar ninguna buena idea en la estacada. 

 - Fuente AQUÍ.

domingo, 14 de febrero de 2016

El nombre de los hombres

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Llevaba esperando su publicación un tiempo, pero al fin ha salido de imprenta. El nombre de los hombres es mi "primer" poemario. Lo pongo así, entre comillas, porque no es exactamente cierto. Mucho ha llovido desde que hiciera mis primeras encuadernaciones de poemas sueltos. También han pasado bastantes años desde que juzgara no demasiado indecoroso hacer públicos algunos poemas, torpes la mayoría, que decidí agrupar bajo el título Atlas de una juventud en fuga. Mientras tanto, también, una par de libros de relatos y la aventura Piedra Papel Libros. Demasiado peso en el morral, pienso a veces. De todas formas, lo importante es que ha sido publicado al fin. Y que lo edita Baile del Sol, una editorial a la que sigo la pista desde hace años y que agrupa en su catálogo a un puñado de autores a los que seguiré leyendo siempre: Jorge Riechmann, Antonio Orihuela, Ana Pérez Cañamares o Gsús Bonilla... Además, tengo que celebrar la coincidencia de que mi amiga Yolanda Ortiz, con la que comparto azares poéticos y existenciales, publique a la misma vez, y también con Baile de Sol, su último poemario: Manotazos al aire, del que espero dar cuenta pronto en Nueva Gomorra.

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Aunque no me gusta hacer lecturas sesudas de mis propios textos, algún día espero escribir un pequeño artículo que trate, aun de forma ligera, sobre el proceso creativo del poemario. De hecho, a muchos de los lectores -amigos todos- que se enfrentaron al manuscrito cuando estaba en pañales, les sorprendió el borrador porque, antes que nada, rompía con mi manera de escribir poesía hasta entonces. Efectivamente, El nombre de los hombres es un poemario orgánico, que se puede leer como una historia, si se quiere de un tirón, y que nace de un proceso reflexivo que, por un lado, deviene de lecturas dispares, se diría que antagónicas, a propósito de la condición humana, y, por otro, de una interpelación al yo que toma como coartada elementos ficcionales, y autoficcionales, a través de los cuales pretendía hacer valer una sentimentalidad ética, no atenazada por debates de actualidad ni posturas críticas, y autocríticas, que no hubiera incorporado previamente.  

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Gracias a mi propia experiencia desde la trinchera de la edición, sé que ahora es cuando empieza todo. Un libro acaba siendo lo que su recorrido marca, así que no importa tanto el fin, el cómo acabe, sino el camino que dibuje: por dónde pasa, quién lo acompaña, lo que le hace retomar fuerzas, quién le da de beber... Cada lector es importante. Cada lectura, hasta la que no se hace, dice mucho de todo lo que rodea a la obra, de quién lo tiene entre las manos, de qué une a cada lector con el libro en sí y, en menor medida, con el propio autor del mismo. En ese sentido, las citas que encabezan el poemario son precisamente eso, encontronazos con la obra de otros, tomas de sentido que, mal que me pese a veces, amplificaron en su día mi percepción de lo que pasa. Este último párrafo, por tanto, es un pequeño homenaje a todas las vidas y lecturas que me llevaron hasta aquí. Todo se mezcla, y eso es bueno. Espero que alguno de vosotros encuentre en este libro un poco de agua bajo el sol abrasador.