Mostrando entradas con la etiqueta Edades de tercera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edades de tercera. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de septiembre de 2023

Ningún país fue para viejos. Sobre el origen del concepto «envejecimiento poblacional»

Después de terminar Edades de tercera (Descontrol, 2022), me quedé con ganas de ampliar algunas partes del ensayo relacionadas con el origen histórico de algunos términos, como «envejecimiento demográfico», que son claves para entender muchos debates actuales en torno a la vejez. Por eso me decidí a escribir este artículo que se publicó hace una semana en Ser Histórico - Portal de Historia

 
El sastre del pueblo (1894), Albert Anker

Ningún país fue para viejos.  Sobre el origen del concepto «envejecimiento poblacional»

1999 marca un hito en la estrecha y conflictiva relación entre la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la cuestión demográfica. El año previo a la finalización del siglo XX fue declarado Año Internacional de las Personas de Edad y fue el pistoletazo de salida a todo el trabajo de análisis estratégico emprendido por esta institución en relación al llamado envejecimiento demográfico[1]. Atrás quedaban los años oscuros en que la organización internacional, a través del Fondo de la ONU para la Población (UNFPA), se empleó a fondo para luchar contra la bomba poblacional de los países del Tercer Mundo (favoreciendo, incluso, la puesta en marcha de programas de esterilización masiva).

A partir de entonces, han sido muchos los estudios demográficos elaborados por la ONU; análisis rigurosos donde destacan las proyecciones de población para los próximos años. En estas proyecciones, por ejemplo, España aparece como uno de los países más envejecidos del mundo en el año 2050.

Sin embargo, estos datos no han servido para que las cuestiones relacionadas con el envejecimiento poblacional estén en la primera línea del debate público en nuestro país de forma explícita. Por el contrario, ha tenido que ser una cuestión sobrevenida la que ha favorecido, al menos durante un periodo de tiempo, que los problemas de la vejez y el proceso de envejecimiento hayan suscitado el interés de los medios de comunicación de masas; nos referimos, claro está, al episodio relacionado con el fallecimiento de miles de ancianos en las residencias a consecuencia de la gestión política de la pandemia provocada por el coronavirus.

Sin embargo, a poco que rasquemos por debajo de los titulares de prensa, nos daremos cuenta de que la cuestión del envejecimiento poblacional está detrás de muchos de los debates recurrentes de nuestra sociedad; debates como los relacionados con la dependencia y los cuidados, las residencias de ancianos, la supervivencia del sistema de pensiones, el sistema de salud público, los modelos de familia, la violencia contra los mayores, etcétera.

Por otro lado, el uso político, explícito y envenenado, del concepto de envejecimiento poblacional de las naciones occidentales, resulta clave para la articulación de los discursos de la extrema-derecha más radicales, como el vinculado a la tesis conspirativa del llamado Gran Reemplazo; una tesis con especial predicamento en países como Francia, Estados Unidos, Alemania y los países escandinavos.

Llegados a este punto, y teniendo en cuenta el papel fundamental que el concepto de envejecimiento poblacional juega en buena parte de los debates actuales, resulta interesante plantearse cuál ha sido el proceso histórico que está detrás de la construcción teórica de este axioma de la demografía contemporánea.

Una historia de la Francia del XVIII y el XIX

Siguiendo las investigaciones de Patrice Bourdelais[2], reputado demógrafo francés que dirigió hasta 2018 el Institut des Sciences Humaines et Sociales (InSHS), durante el siglo XVII, debido al reforzamiento del proceso de centralización del Estado francés y al desarrollo de una administración que se pretendía más efectiva, por lo que tenía de fiscalizadora, la administración francesa favoreció la puesta en marcha de herramientas estadísticas de carácter demográfico que empezaron a utilizarse en las colonias y luego aterrizaron la metrópoli. El Marqués de Vauban (1633-1707) y Jean-Bastiste Colbert (1619-1683) tuvieron un papel protagonista en el impulso de estas medidas de análisis demográfico.

Hasta 1795, Francia fue el país más poblado de Europa, incluida Rusia. Sin embargo, a finales del siglo XVIII el control voluntario de la natalidad comenzó a practicarse de manera generalizada entre los estamentos más acomodados de la sociedad francesa. Una práctica que empezó a extenderse al conjunto de la población desde principios del siglo XIX. Teniendo en cuenta esto, en 1866 y en un contexto europeo marcado por la hostilidad franco-prusiana y la carrera imperialista, los territorios que en 1871 quedarían unificados bajo la bandera alemana, pasaron a superar en población a Francia, lo que sin duda pasó a formar parte de las preocupaciones de las élites francesas de finales del siglo XIX.

Fue entonces cuando un demógrafo, Jacques Bertillon (1851-1922), empezó a postular la teoría que problematizaba, en clave nacional, el aumento de la edad media de la población francesa provocado por el descenso de la mortalidad, el incremento de las tasas de población envejecida y el paulatino descenso de las tasas de natalidad. Según este razonamiento, la población francesa, es decir, Francia, se estaba haciendo más vieja, más débil y, por tanto, menos capaz de competir con las naciones rivales de su entorno. Una teoría que, dicho sea de paso, no escapaba al socialdarwinismo de la época y, entre otras consecuencias, favorecía la desvalorización social de los ancianos.

Natalismo patriótico VS. Neomalthusianismo obrero

Serían precisamente las propuestas teóricas de Bertillon, las que servirían de argumentario político a las organizaciones patrióticas —como la Alianza Nacional para el Crecimiento de la Población Francesa[3] que conformaron el muy activo lobby natalista francés.

Estas organizaciones, conectadas a un importante sector de las élites sociales y económicas de Francia, presionaron para el establecimiento de políticas públicas que incentivaran la natalidad y limitaran la contracepción, con el objetivo, según ellos, de frenar el debilitamiento del país provocado por el proceso de envejecimiento demográfico.

Como no podía ser de otra manera, la intervención política de estas agencias acabó por colisionar frontalmente con aquellos sectores, intelectuales y sociales, que ya a principios del siglo XX defendían las tesis neomalthusianas[4]. Estas últimas abogaban por enfrentar el problema de la pobreza de las familias obreras a través de la procreación consciente, lo que, entre otras cosas, implicaba una apuesta por la separación entre sexo y reproducción, el fomento de la educación sexual y la socialización de toda una serie de valores que, finalmente, favorecían la autogestión de la salud de la clase trabajadora[5].

Hay que tener en cuenta que fue en 1896, en el mismo año en el que se creaba la Alianza Nacional para el Crecimiento de la Población Francesa, cuando nacía la Liga Neomalthusiana francesa, que solo cuatro años después, en 1900, impulsaría el primer Congreso Neomalthusiano Internacional, celebrado en París. Un congreso que, a la postre, resultó clave para la difusión del ideario neomalthusiano. De hecho, fue poco después, en 1904, cuando se creó la Liga Neomalthusiana Ibérica, impulsada por el médico anarquista catalán Luis Bulffi de Quintana (1867-192?). Según Layla Martínez, en 1905 esta liga ya contaba con treinta y seis secciones, distribuidas por toda la península, que «realizaban labores de educación sexual y de difusión de las tesis de procreación consciente, poniendo especial énfasis en los métodos anticonceptivos y en la necesidad de que las mujeres decidieran sobre sus embarazos[6]».

Hablamos, por tanto, de todo un despliegue de propuestas que, en buena medida, fue factible gracias al papel jugado por publicaciones periódicas como Salud y Fuerza, Iniciales, Generación Consciente o, ya a partir de 1927, Estudios; periódicos y revistas de cuidada edición, tiradas generosas y amplia distribución que, como revelan los trabajos de investigadores como Alejandro Civantos[7], formaron parte de la pléyade de cabeceras que animaron el riquísimo universo cultural del anarquismo ibérico del primer tercio del siglo XX.

En la práctica, desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, asistimos a la pugna, también en el terreno de la demografía, de dos modelos sociales antagónicos. El primero, representado por el patriotismo natalista, tomaba como referencia a la nación francesa y, partiendo del por entonces balbuceante concepto de envejecimiento demográfico, abogaba por la puesta en marcha de medidas que favoreciesen el aumento de la natalidad y, por ende, contribuyeran al descenso de la edad media de la población francesa; algo que, por un lado, pretendía garantizar la primacía de Francia en la carrera imperialista (lo cual satisfacía los intereses del ejército y los grandes industriales) y, por otro, alimentaba el argumentario religioso que perseguía la contracepción y la educación sexual.

Frente a ello, el movimiento neomalthusiano, en especial el de inspiración ácrata, tomaba como referente a la clase obrera internacional y pretendía divulgar entre los trabajadores y trabajadoras la idea de procreación consciente. Esta propuesta, que aspiraba a convertirse en una herramienta más en la lucha contra la miseria obrera[8], abría un horizonte emancipatorio para las mujeres y, de manera lógica, se insertaba a la perfección en un movimiento integral, como el anarquista, marcadamente internacionalista, antibelicista y enemigo acérrimo del poder político de las instituciones eclesiásticas.

Reverberaciones políticas actuales

Tal y como indica el demógrafo Julio Pérez Díaz en su blog, Apuntes de Demografía, a pesar de que el aumento de la edad media de la población había sido problematizado mucho antes del siglo XX, sería en 1928 cuando el prestigioso demógrafo Alfred Sauvy (1898-1990) —que posteriormente sería conocido por acuñar el término Tercer Mundo— empezó a utilizar de manera prolija la expresión «envejecimiento progresivo» de la población; una idea que, ya en 1946, facilitaría la aparición y normalización del término «envejecimiento demográfico» a través de su uso en la revista Population, una de las publicaciones periódicas sobre demografía más prestigiosas a nivel internacional.

Casi 80 años después, el término envejecimiento poblacional, libre de polvo y paja, se sigue blandiendo como una espada por aquellos actores políticos que, mientras alertan del “ocaso de Europa” (denunciando la “invasión migratoria” y la supuesta desaparición de los valores del cristianismo), ignoran las consecuencias del imperialismo occidental, aplauden las políticas neocoloniales que expolian a los países periféricos y, para más inri, promueven las medidas económicas de carácter neoliberal que precarizan la vida de los jóvenes, contribuyendo con ello al desarrollo de las condiciones generales que dificultan la natalidad y, por tanto, favorecen el aumento de la edad media poblacional[9].

Por otro lado, buena parte de las propuestas del movimiento neomalthusiano, incorporadas —como veíamos anteriormente— con especial predilección por el anarquismo internacional a su fecundo acervo de prácticas de intervención política, han permeado en otros movimientos sociales, como el feminista, que las hicieron suyas desde su conformación, desplegándolas de forma autónoma y, en no pocas ocasiones, ignorando su genealogía obrera y libertaria.

Finalmente, el anarquismo actual, que antaño pareció interesarse por todo aquello que condicionaba la vida de las clases populares, parece haber dado la espalda a la reflexión teórica en torno al tema capital de la demografía; ignorando, quizá, la acuciante necesidad de incorporar su imaginario humanista y su enfoque revolucionario al debate político en torno al futuro de la población mundial. Un futuro, como siempre en pugna, donde no solo se ven amenazados los códigos culturales que contemplan la inalienable dignidad de las personas mayores, sino también las mismas bases de la vida humana sobre la tierra.    

 


[1] Para no extendernos mucho, diremos que el envejecimiento demográfico es el concepto que alude al aumento de la media de edad de una población determinada. Asociado a la modernización del régimen demográfico, es una de las características de la demografía de los países desarrollados.

[2] Para el artículo que nos ocupa, hemos seguido fundamentalmente uno de los interesantes trabajos de Bourdelais, «Las claves históricas del natalismo. Francia, siglos XVII-XX», incluido como capítulo en Invasión migratoria y envejecimiento demográfico. Dos mitos contemporáneos, Isidro Dubert y Antía Pérez-Caramés (coordinadores). Catarata. Madrid: 2021.

[3] Fundada en 1896, el propio Jacques Bertillon fue uno de los fundadores de la Alianza. Su capacidad de influencia en política francesa será innegable, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX. La aprobación del llamado Código de la Familia (1939) fue una de sus grandes victorias. 

[4] Para un acercamiento a la relación entre neomalthusianismo y movimiento obrero, especialmente el de inspiración ácrata, recomendamos los trabajos de Eduard Masjuan; sobre todo, La ecología humana en el anarquismo ibérico (Icaria, Barcelona: 2000).  

[5] Será este el momento en el que corrientes como el higienismo o el naturismo empezarán a tener cada vez más predicamento entre las clases trabajadoras, sobre todo del sur de Europa.

[6] Hartémonos de amor ya que no podemos hartarnos de pan. Sexología y anarquismo. Layla Martínez Vicente. Piedra Papel Libros. Jaén: 2014.

[7] Leer en rojo. Auge y caída del libro obrero (1917-1931), editado por la FAL en 2017, y La enciclopedia del obrero. La revolución editorial anarquista (1881-1923), publicado por Piedra Papel Libros en 2022, son dos de los trabajos de Alejandro Civantos que abordan la dimensión cultural del anarquismo ibérico.

[8] A pesar de que el movimiento neomalthusiano tuvo una clara influencia en el movimiento libertario a nivel internacional, también hubo sectores del anarquismo que, por diversos factores, se opusieron a sus tesis. Para rastrear, por ejemplo, el antimalthusianismo de Kropotkin, recomendamos la lectura de «Eugenesia y anarquismo en el primer neomalthusianismo libertario barcelonés, 1896-1915», de Álvaro Girón-Sierra, en História, Ciência, Saúde – Manguihos, Río de Janeiro (Brasil), v. 25, supl., ago. 2018, p. 87-103.

[9] Un certero acercamiento a las causas de la baja natalidad en España lo encontramos en «Las causas de la muy baja fecundidad en la España actual», Teresa Castro-Martín, Teresa Martín-García, Julia Cordero, Marta Seiz y Cristina Suero, en Invasión migratoria y envejecimiento demográfico. Dos mitos contemporáneos, de Isidro Dubert y Antía Pérez-Caramés (coordinadores). Catarata. Madrid: 2021.

miércoles, 10 de mayo de 2023

Pan para hoy y pan para mañana

 

Algo se está moviendo; despacio, diríamos, pero algo se mueve. Ni siquiera hace falta acudir a la prensa libre del control de los grandes grupos empresariales. A poco que estemos atentos, a poco que pongamos oído y miremos donde no quieren que miremos, veremos que la paz social no es tan aplastante como se nos vende.

A nivel internacional, la lucha contra el retraso de la edad de jubilación en Francia ha incendiado las calles del país vecino, demostrando que es posible la unidad sindical, al menos en el terreno de la movilización, y que la clase obrera, incluidos los sectores más precarizados como los jóvenes, pueden enfrentar con contundencia las políticas neoliberales que pretenden asegurar las costuras del sistema en el futuro.

Al otro lado del Canal de la Mancha, en Gran Bretaña, estamos asistiendo a una oleada de huelgas en diversos sectores, como el transporte o la sanidad y educación públicas; huelgas que tienen como punto de partida el empobrecimiento de la clase obrera británica debido al incremento de los precios, las consecuencias del Brexit y el estancamiento de los salarios. Hablamos de un escenario de creciente conflictividad que, además, se desarrolla en un contexto de profunda desafección política, lo que sin duda está contribuyendo a generar incertidumbre en las oligarquías financieras del país.

Por otro lado, en Estados Unidos se está viviendo un periodo de rearme de las organizaciones sindicales, visible en el aumento del nivel de sindicación en grandes empresas como Amazon o Starbucks, que corre paralelo al crecimiento de la conflictividad laboral desde 2021 en sectores diversos como la hostelería, el comercio online, la enseñanza universitaria o los transportes. Nos encontramos, por tanto, ante un panorama imprevisto por la mayoría, donde amplias capas de la clase trabajadora estadounidense están tomando conciencia de la necesidad de unir fuerzas en organizaciones sindicales bien organizadas, con estrategias ofensivas y amplio apoyo popular.

Dicho esto, si volvemos la mirada hacia España, nos encontramos con un escenario donde son las mujeres quienes están protagonizando la mayor parte de las huelgas que se están dando en el Estado español durante los últimos meses. Huelgas que son el epígono de una conflictividad laboral que tiene como punto de partida la pelea por unas condiciones de trabajo dignas, con salarios decentes, posibilidades de conciliación y una organización del trabajo que no implique la desposesión completa de nuestras vidas.

Es en este contexto, además, donde estamos asistiendo al nacimiento y desarrollo de distintas iniciativas de autoorganización obrera en sectores laborales feminizados, muy precarizados, con un amplio porcentaje de trabajadoras migrantes. El caso de las trabajadoras del servicio de ayuda a domicilio es uno de ellos. En ese sentido, en diferentes puntos del Estado como Cataluña, Asturias, Valencia o Euskadi, ya han empezado a desarrollar su labor varios sindicatos, coordinadoras y organizaciones de trabajadoras vinculadas al sector de la dependencia y los cuidados, tejiendo alianzas con asociaciones de familiares de personas dependientes y sindicatos como ELA, CGT o CNT.

Precisamente, son las trabajadoras del Sindicato de Cuidadoras Profesionales las que lanzaron hace unos días una campaña de crowdfunding para interponer una demanda judicial que acabe con las “bolsas de horas”, una práctica empresarial que precariza en extremo las condiciones de trabajo de las cuidadoras, impidiendo la conciliación de la vida laboral y familiar, robando parte del salario debido a las trabajadoras y contribuyendo al deterioro de su salud mental y física.

Hablamos de una iniciativa que pretende mejorar las condiciones de trabajo de las cuidadoras sobre las que recae buena parte del trabajo de cuidados que requieren nuestros mayores, de tal forma que, de manera indirecta, apoyar las luchas que vayan en favor de la dignificación de los empleos vinculados al sector geriátrico también implica mejorar las posibilidades de un envejecimiento digno para la clase obrera de hoy y mañana.

Socialicemos, por tanto, sus demandas, y apoyemos sus luchas en la medida de lo posible. Ya no solo por una cuestión de solidaridad obrera elemental, sino por el interés general de la mayoría social. La evolución demográfica de nuestras sociedades conllevará una demanda cada vez mayor de trabajos relacionados con el sector de la dependencia y no podemos permitir que las empresas del sector geriátrico, muchas de ellas vinculadas a grandes multinacionales asociadas al capital financiero, extraigan cada vez más beneficio del padecimiento de las trabajadoras del sector y el desprecio por las condiciones de vida de los mayores y dependientes.

Artículo publicado originalmente en diversos medios de contrainformación

 

martes, 7 de febrero de 2023

Tomando nota: vejez, pandemia y movimiento libertario

 

Arranca el nuevo año y muchos tenemos la sensación de que la sociedad española ha pasado página en relación a la pandemia. Seguimos observando —con cierta estupefacción, eso sí— las noticias sobre los rebrotes del virus en China, pero ya sin dramatismos, ya sin el miedo incorporado a nuestro día a día… Llegados a este punto, aún queda, claro está, la sensación compartida de que hemos atravesado una crisis social sin precedentes, de carácter mundial, que se ha llevado por delante la vida de miles de personas; una crisis, la provocada por el COVID-19, que ha puesto el foco en la fragilidad de un sistema cuyas costuras se han vuelto visibles, evidenciando de manera trágica las consecuencias de una gobernanza neoliberal que ha precarizado nuestra existencia, debilitando los sistemas de salud y deteriorando en grado sumo las condiciones de trabajo de la mayor parte de los trabajadores y trabajadoras.

Paradójicamente, si durante el confinamiento pudimos advertir la vastedad de los trabajos imprescindibles para el sostenimiento de la vida en común, valorando en su justo término el trabajo aportado por las limpiadoras, basureros, cajeras de supermercado, jornaleros, enfermeras, etcétera, pasada la tormenta no ha quedado ni el más mínimo rastro de las consecuencias positivas de ese desvelamiento puntual que nos permitió ponderar la importancia del quehacer diario de quienes alimentan nuestros cuerpos, limpian nuestras calles o cuidan de los más débiles, solo por citar tres ejemplos.

Por su parte, si echamos la vista atrás y revisamos la respuesta del movimiento libertario a la crisis del coronavirus, al menos en lo que respecta a España, observaremos que dicha respuesta fue bastante desigual: se estuvo donde se tenía que estar, desde luego, aunque no en todos los sitios donde se debió estar; algo que, pienso, tiene que ver con la debilidad del movimiento en su conjunto, pero también con nuestra escala de intereses, sin duda consecuente a nuestras líneas de actuación históricas y a la emergencia de algunos posicionamientos relacionados con las medidas puestas en marcha por el Estado para hacer frente a la crisis sanitaria.

En ese sentido, hay que valorar positivamente el hecho de que muchos militantes se volcaran en la creación y fortalecimiento de las redes de apoyo mutuo tejidas en los barrios, cubriendo huecos imposibles de atender por los servicios sociales dependientes de las distintas administraciones. En el ámbito laboral, tampoco podemos olvidar el gran despliegue de solidaridad puesto en marcha por los sindicatos de CNT, cuyos grupos de acción sindical se volcaron en atender miles de consultas, echando cables donde hacía falta y ayudando como se podía a todos los trabajadores y trabajadoras que llamaban a los sindicatos solicitando información. Finalmente, tampoco podemos olvidar el trabajo de comunicación de algunos colectivos que pusieron el foco en la crítica al securitismo y el refuerzo, por parte de los poderes del Estado, de los argumentarios criminalizadores de la protesta social.

Sin embargo, el mutismo de la militancia libertaria, de sus colectivos y organizaciones, ante el asesinato de miles de ancianos y ancianas desatendidos en las residencias, víctimas de los infames protocolos sanitarios y la estrategia gerontocida adoptada por las distintas administraciones para resolver la situación de estrés de recursos sanitarios, habla a las claras de cómo el edadismo ha permeado en nuestro sistema de creencias, retratando la insuficiencia de nuestro análisis social y evidenciando la estrechez, no solo de nuestra autonomía política, sino de nuestra capacidad de intervención en una situación de crisis multifactorial (algo que, como poco, debería hacernos repensar las estrategias esencialistas que conllevan el aislamiento de nuestro movimiento y sus integrantes).

Quede claro que lo anterior es una crítica asumida, para empezar, por el que esto escribe, y que podría hacerse extensiva al conjunto de las organizaciones políticas y sindicales de izquierda. Precisamente por ello, considero inopinable la exigencia de un debate en el seno de los movimientos sociales que aborde todas las cuestiones relacionadas con el proceso de envejecimiento, desbordando el legítimo interés por el sistema de pensiones y las residencias de mayores.

A partir de ahí, y por lo que respecta al movimiento libertario, sería interesante intervenir en este debate social, cuyas líneas maestras están siendo marcadas por los grupos de presión del capital privado (aseguradoras, bancos, empresas vinculadas a la sanidad privada…), para aportar una perspectiva revolucionaria, superadora, que señale la inanidad de algunas estrategias de mejora de la condición social de los ancianos que, por un lado, ignoran la cuestión de clase y, por otro, favorecen que las soluciones partan exclusivamente del ámbito especializado de la gerontología; una perspectiva, decimos, que interconecte las luchas contra el estado del malestar y acabe por situar la vida buena de la mayoría como aspiración prioritaria de nuestras sociedades.         

Pero para ello necesitamos desencajar nuestra mirada de los debates de actualidad y retomar una agenda propia que, para el ámbito que nos ocupa, nos haga retomar la fecunda tradición de pensamiento demográfico vinculada al anarquismo, ampliando nuestro marco de intereses y apostando por la construcción de una estrategia de futuro que nos permita abrir caminos de esperanza. No podemos permitir —aquí tampoco— que nuestras condiciones de vida, también durante los últimos años de nuestra existencia, se vean determinadas por las consecuencias sociales de un sistema que valoriza a las personas en función de su capacidad de producción y consumo, orillando a las personas dependientes y despreciando la contribución social de sus cuidadoras.

Y es que, por mucho que se empeñen los propagandistas del fin de la historia en decirnos lo contrario, queda mucha tela que cortar en la batalla por el mundo que nos ha de suceder. Lo comprobamos a diario con la infinidad de luchas, silenciosas y olvidadas por los grandes medios, que sostienen por todo el planeta los grupos humanos que, contra todo pronóstico, han decidido no renunciar a construir su propio presente. Alimentar esas luchas, multiplicarlas si se puede, es responsabilidad de todos; como también lo es no abandonar en el camino a nadie.

Artículo publicado en Todo por Hacer

miércoles, 9 de noviembre de 2022

De la necropolítica neoliberal a la empatía radical


El pequeño ensayo al que hoy le voy a dedicar unas líneas, De la necropolítica neoliberal a la empatía radical, de Clara Valverde Gefaell, ha sido uno de los títulos que, a pesar de su brevedad, más he tenido en cuenta a la hora de perfilar algunos de los análisis de Edades de tercera. Historia y presente de una vieja desigualdad.

Manejar el concepto de «necropolítica», ponerlo en el centro de los enfoques con los que pretendemos señalar cómo el capital se reproduce marginando, y eliminando, a las personas que no le son útiles, nos permite también visibilizar aquellas costuras que deberían unir las luchas de sujetos disímiles cuyo papel en el capitalismo de mercado es padecer la violencia estructural de un sistema que se ceba con los más débiles.

Lo dice Santiago López Petit en la introducción: 

«El libro de Clara Valverde muestra que la política neoliberal consiste en una necropolítica cuyo objetivo declarado es acabar con los excluidos. No se trata de ninguna exageración. El capital desbocado en su marcha adelante destruye todos los obstáculos que encuentra en su camino. Y son obstáculos todas aquellas personas que no son rentables, que no son empleables. Desde los pobres a los discapacitados y dependientes, pasando por los jóvenes o los ancianos sin recursos».  

Personas desplazadas, al cabo, de la centralidad de un sistema que favorece un modelo de vida donde el éxito económico ha de primar por encima de todo, donde la consideración social de las personas depende, en primer lugar, de su capacidad productiva y de consumo, pero también de sus posibilidades de encarnar los ideales de salud, belleza y bienestar que, paradójicamente, viralizan nuestro padecimiento psíquico a través de la economía de las pantallas que socializa nuestras fantasías aspiracionales.

El espejo, sin embargo, de la cruda realidad, nos devuelve por contra una imagen grotesca de un régimen de desigualdad social que se ha vuelto distópico durante la pandemia, cuando la gobernanza del capitalismo ha favorecido la muerte de miles de ancianos a los que se ha negado el acceso a la atención médica; asesinatos, sí, que han contado con la aquiescencia de una sociedad anestesiada por las mentiras de unos medios de comunicación que se han convertido en un pilar clave del sistema necropolítico que perpetúa la reproducción del capital segragando, marginado y eliminando aquellos cuerpos inservibles para la generación de beneficios empresariales.

El texto de Clara Valverde no necesita cientos de páginas para atinar el análisis. Le basta su claridad expositiva, su compromiso ideológico y su discurso encarnadado. Es un ensayo que, a pesar de su crudeza, o precisamente gracias a ella, nos obliga a reconsiderar nuestras necesidades. Y creo que ahí está su mayor acierto, ya que el libro no pretende invocar la complicidad del lector, sino zarandear algunas de nuestras convicciones con la fuerza de un argumentario que no anhela seducir, sino solo mostrar aquello que no interesa ver.

lunes, 25 de julio de 2022

6 libros para el verano

Hace unos meses, aprovechando que Edades de tercera ya había salido de imprenta y había recuperado la rutina de escribir prácticamente a diario, me propuse escribir un par de post al mes en este blog, que lleva renqueando desde hace varios años. Como no podía ser de otra manera, el propósito se quedó en agua de borrajas y hoy vuelvo aquí con la sensación de que llego a una bifurcación: o cierro el blog definitivamente o escribo más a menudo en él.

El caso es que siempre voy anotando ideas o apuntes breves que debieran traducirse en contenidos para este blog, que ya me viene acompañando desde hace once años y que ha resistido el cierre de Nueva Gomorra y Transhistoria, pero esas anotaciones se acaban quedando olvidadas en los trozos de papel de colorines que siempre llevo encima, aprisionados en mi agenda.

Precisamente por eso, hoy voy a volver a un clásico que nunca falla y que llevo tiempo queriendo retomar en el blog: un listado de recomendaciones. Hablo de seis libros cortos, de los que puedes leerte prácticamente del tirón y que caben en cualquier sitio. Empezamos.

El fascismo en Italia, de Bolton King, es el útimo que he leído. Publicado originalmente en 1931 y editado maravillosamente por Contraescritura, se trata de un texto conciso que cuenta de manera ágil, sencilla y comprometida, el ascenso al poder de los fascistas en Italia. Muy recomendable. 


El segundo es uno de los últimos libros publicados por Yayo Herrero. A la escritora madrileña empecé a leerla a mediados del año pasado, en vacaciones, cuando estaba encerrado escribiendo mi ensayo sobre la vejez. El libro en cuestión es Los cinco elementos. Una cartilla de alfabetización ecológica, publicado por Arcàdia. Recuerdo perfectamente que se lo encargué a mi librero justo después de leer esta entrevista en El Salto


Ahora disculpad que barra para casa. La revolución deportiva. Anarquismo y deporte en Cataluña (1931-1939), de Gerard Pedret, es el último libro que hemos publicado en Piedra Papel Libros y uno cuyo proceso de edición ha sido más largo y fructífero. Todo empezó con la lectura de un artículo en catalán sobre el Sindicato de Managers y Boxeadores Profesionales de la CNT que leí hace bastante tiempo. Contacté con el autor y le propuse que me pasara el texto en castellano, pero en ese momento se nos vino la pandemia encima, y redefinimos el proyecto, ampliándolo considerablente y, a mi modo de ver, mejorando de manera notable el proyecto inicial.


El cuarto libro que me traigo aquí es El pez negro, un libro de cuentos de Martín Lezcano, editado de forma primorosa por Ediciones Franz, una pequeña editorial con un catálogo cuidado del que tengo varios títulos. La verdad es que no recuerdo si leí esta colección de relatos hace dos o tres años, pero lo que nunca voy a olvidar es cómo me arrasó el relato central del libro, el más largo del mismo, que además da título a la obra. No os cuento nada de él, pero sí que os digo que es un cuento que te hace abrir los ojos en medio de una habitación oscura: esa conciencia olvidada del terror, la violencia y el mal que acompaña al hombre desde que echó a andar.


Por contra, Libros en tiempos de miseria... es un ensayo luminoso. José Ardillo vuelve a la carga con una recopilación de artículos sobre libros y autores que pone el acento en la necesidad de retomar una lectura crítica, profunda y reposada, que escape de la inmediatez, la voracidad y la superficialidad de las formas de consumo que promueven las llamadas industrias culturales. Lo edita Milvus.

Finalmente, Un cuchillo entre los dientes y otros textos, de António José Forte, editado por La Torre Magnética, es un libro misceláneo donde, eso sí, los poemas del poeta surrealista portugués acaparan el protagonismo. Si la cosa no se tuerce, dentro de un tiempo se publicará una pequeña reseña que he preparado de este libro imprescindible para acercarse a la obra de un autor, prácticamente desconocido en España, cuya originalidad sigue deslumbrando hoy, más de treinta años después de su muerte.

lunes, 30 de mayo de 2022

Reseña de 'Edades de tercera...' en el periódico libertario 'Todo Por Hacer'

 

Dejando a un lado los trabajos de investigadoras de amplia trayectoria como Anna Freixas, no es muy habitual encontrar en las secciones de ensayo de las librerías vinculadas a los movimientos sociales trabajos relacionados con la vejez. De hecho, más allá de los debates recurrentes relacionados con el sistema de pensiones y la crítica a los modelos de gestión de los geriátricos, los temas vinculados a la ancianidad no forman parte de la agenda de las organizaciones sociales que pretenden una transformación radical del sistema.

Por suerte, la editorial catalana Descontrol decidió conceder el Premi Descontrol 2021, en su modalidad de ensayo, a Edades de tercera. Historia y presente de una vieja desigualdad, de Juan Cruz López, un trabajo que, entre otros objetivos, pretende aterrizar los aportes de la gerontología crítica en el ámbito de la literatura militante. No obstante, hablamos de una obra llena de referencias, que parte de un análisis histórico de la construcción social de la vejez, prosigue desentrañando los debates relacionados con las tesis del llamado envejecimiento poblacional y acaba realizando un análisis sociológico de las distintas formas de edadismo presentes en nuestras sociedades, incluyendo la violencia (o más bien, violencias) que padecen los ancianos y ancianas.

En todo caso, el enfoque del autor pretende hacer valer la necesidad de conectar la lucha contra el edadismo con el resto de luchas que aspiran a poner la vida en el centro de los intereses públicos; tal y como se explica en el texto de la cubierta: 

«Conectar, además, los análisis sobre las formas de violencia contra los mayores con aquellas investigaciones que pretender desvelar cómo el poder margina los cuerpos que no son rentables para el sistema, se nos antoja imprescindible si queremos aspirar a una crítica integral del modelo político, económico, social y cultural en el que vivimos, y que sin duda nos conforma».

sábado, 7 de mayo de 2022

Edades de tercera


Vuelvo al blog con Edades de tercera fuera de imprenta. Después de dos años de investigación y escritura, en los que he tenido que escribir el libro durante los fines de semana, vacaciones y en los ratos sueltos que he podido sacar, tener el libro ya colocado en librerías es una alegría, pero también un acicate para seguir trabajando el tema. Ahora toca la promoción, presentar el texto donde se pueda y propiciar la aparición de los debates necesarios en el seno de los movimientos sociales.

En todo caso, tengo claro que esta es la primera fase de un trabajo de investigación que tiene que seguir creciendo, combinando la escritura de nuevos textos con el desarrollo de propuestas de intervención que espero elaborar con amigos y compañeras interesadas en los problemas de la vejez desde hace mucho tiempo. Ya tengo algunos nombres en la cabeza. Por otro lado, es imprescindible que las organizaciones sociales enfrenten los debates sobre las problemáticas asociadas al futuro de la vejez con el utillaje necesario para hacer frente a los discursos promovidos por los think tanks vinculados a los bancos, las aseguradoras y las empresas farmacéuticas.

Queda mucho por hacer por tanto... Y espero que este sea mi pequeño granito de arena. Como en todas las luchas que implican poner el beneficio colectivo por encima de los intereses espúreos de una minoría, es imprescindible que seamos muchos, y para eso necesitamos generar conciencia, interés por el asunto, compromiso personal. Nos jugamos mucho en ello. Para empezar, cómo vamos a vivir buena parte de nuestra vida en el futuro. No podemos dejar que quienes tienen la sartén por el mango en la economía y la política, nos marquen el camino a la hora de hacernos viejos. Manos a la obra pues.