domingo, 28 de diciembre de 2025

El susurro filológico: sobre Demonios y nihilistas, de Costas Despiniadis



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Os voy a contar un secreto. Os hablo ahora como editor de Piedra Papel Libros. He publicado un libro que ni tan siquiera he leído. Y no lo he hecho porque ya lo había leído mi amigo Juan Merino, el traductor de la obra. Fue él quien me dijo que el libro merecía la pena. Me fío de mis amigos. Esa confianza es una forma de amor.

También me fío de los libros. Hay un libro del que me fío mucho; se llama Franz Kafka. El anatomista del poder. Ese sí lo he leído. Es un librazo. Quedaos con eso de momento.

Ahora os voy a contar otro secreto. Este es peor. El libro que he publicado es un ensayo sobre Dostoyevski. Nunca sé cómo se escribe... Dostoyevski, un gigante de la literatura universal del que solo he leído una novela breve, El jugador; un librito que me gustó en su día y que por lo visto está directamente conectado con la biografía del escritor ruso, adicto al juego durante algún tiempo.

Pero vayamos al lío. El libro que he publicado es Demonios y nihilistas. El Dostoyevski político, de Costas Despiniadis, traducido, como sabéis, por el infatigable Juan Merino. Lo hemos coeditado varios sellos afines. Costas Despiniadis es el autor de ese otro libro del que os hablaba antes, el ensayo sobre Kafka; un texto que no solo analiza la obra del escritor checo desde un enfoque libertario, sino que nos presenta las conexiones entre el autor de La metamorfosis y los círculos anarquistas de Praga.

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Hay libros que no podemos leer sin quitarnos otros de encima. Libros que tienden puentes entre ellos sin saber muy bien ni cómo. A mí me ha pasado eso. Hablo ahora como lector. Una de las cosas que más me han interesado de Demonios y nihilistas es el recorrido que hace Costas Despiniadis por la historia filológica de la obra del autor de Los demonios. Despiniadis nos explica cómo determinados críticos literarios, entre ellos Visarión Belinski, contribuyeron a que Dostoyevski fuera conocido y celebrado como autor emergente a mediados del siglo XIX en Rusia. También nos ayuda a entender cómo influyó el trabajo de algunos filólogos en la manera de leer su obra desde la muerte del Dostoyevski, en 1881, hasta la actualidad.

Pero lo que os quería contar, en realidad, es que todo lo anterior lo he leído con el mismo apasionamiento con el que leí en su día «La parte de los críticos», ya sabéis, una de las partes que componen 2666 de Roberto Bolaño, su novela póstuma. En ese libro, cuatro filólogos —Pelletier, Morini, Espinoza y Norton— trabajan de manera coordinada para que la obra de un escritor prácticamente desconocido hasta el momento, Benno von Archimboldi, consiga el reconocimiento que merece; algo que consiguen finalmente y que les permite adquirir un prestigio agradecido e inesperado.

Quizá lo que me interesa de ambas historias, la real de Dostoyevski y la ficcional de Archimboldi, es que ambas nos permiten intuir cuáles son los distintos agentes que operan en la construcción social de la literatura, un tema al que le hemos dado muchas vueltas en este blog. Porque pensamos que leemos solos, pero en realizar lo hacemos con los ojos de los muertos. Leemos libros con el susurro filológico de aquellos, de aquellas, que se pasaron la vida defendiendo una determinada manera de mirar, que no es otra cosa que una determinada manera de leer la obra de un autor. Y eso es fascinante.

Si tenéis ocasión, leed a Costas Despiniadis.

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