sábado, 13 de julio de 2019

El socorrido espejo infantil

Cartel de las Juventudes Hitlerianas
Entre finales de 2018 y principios de 2019, se conmemoró el centenario de la Revolución alemana. En España la efeméride ha pasado más o menos desapercibida, aunque bien es cierto que varias editoriales le han hincado el diente al tema lanzando novedades relacionadas con este episodio histórico, sin duda mucho menos conocido que la Revolución rusa o el ascenso del nazismo (un proceso, este último, que no se podría explicar sin todo lo anterior). De todas esas novedades de las que os hablaba, os recomiendo dos: La Revolución de 1918-1919. Alemania y el socialismo radical, de César de Vicente Hernando (Catarata), y Rosa Luxemburg, en la tormenta, de Ana Muiña (La Linterna Sorda).

Pero hoy, en realidad, quería hablaros de otro libro de los que, precisamente, fueron prohibidos por el nazismo y que actualmente, le pese a quien le pese, siguen bien vivos. Me refiero a Juventud sin Dios, de Ödön von Hirváth, editado de manera primorosa por Nórdica en este mismo año.

«Ni ellos mismos lo saben. Se quedan frente a mí, sonriendo con sorna, perplejos. Sí, el hombre puede ser verdaderamente malvado y eso está ya en la Biblia. Cuando dejó de llover y las aguas del diluvio universal volvieron a retroceder, Dios dijo: "No volveré ya más a maldecir a la tierra por causa del hombre, pues los designios del corazón humano son malos desde su niñez"».

La trama de la novela gira en torno a un profesor de valores humanistas y un grupo de niños, sus alumnos, que parecen desenvolverse como peces en el agua bajo la cultura de la desigualdad implantada por el nazismo y reproducida de manera casi unívoca por la sociedad civil germana. A partir de ahí, un asesinato durante un campamento paramilitar al que asisten los alumnos y el profesor, dispara la trama, desenvolviéndose los últimos capítulos en el contexto del proceso judicial posterior, donde todos los protagonistas se retratan y se dirime la identidad del asesino.

Como no podía ser de otra manera, Juventud sin Dios se ha relacionado, por ejemplo, con La cinta blanca, la película de Michael Haneke, donde también aparece el tema de la emergencia de la malignidad del totalitarismo a través de la corrupción y adoctrinamiento dogmático de la infancia. Y no es un caso que podamos circunscribir exclusivamente a la denuncia del régimen nazi. En Los gritos del silencio, por ejemplo, la película de Roland Joffé centrada en la Camboya de Pol Pot, hay varias escenas en las que una niña, educada en los valores revolucionarios del nuevo régimen y sin mácula de ideología burguesa, aparece dirigiendo la ejecución de un supuesto disidente. Esto contaba Marta Rivera de la Cruz, periodista de El País, en su noticia «El Genocidio de Camboya»: «Se creó una raza de criaturas alienadas y violentas, capaces de rebanar el pescuezo a quien fuese capaz de traicionar a Pol Pot robando una fruta o un puñado de arroz crudo. Niños y niñas de ocho años fueron entrenados en el arte de la lucha contra los llamados youns: los extranjeros, culpables de buena parte de los males que habían sacudido al país en el pasado».

De vuelta a Alemania, pero en la del siglo XVI, encontramos un episodio parecido en Q, la fascinante novela de Luther Blisset, donde hay varios fragmentos en los que se menciona la potestad para ejercer justicia divina que tenían los niños durante el sitio de Münster, donde los fieles anabaptistas (quienes eran perseguidos, eso sí, de manera salvaje por católicos y luteranos) implantaron un desquiciado régimen teocrático bajo la dirección del sastre flamenco Jan van Leiden.

Aunque solo me haya detenido en estas pocas referencias para no alargarme en exceso, hay muchos más casos de productos culturales que, utilizando como espejo la maleabilidad de la infancia, tienen como telón de fondo la inmoralidad -e inhumanidad- de los regímenes totalitarios, presentando en la mayor parte de los casos la aquiescencia de las mayorías como una consecuencia lógica de un programa cultural y educativo tendente a la manipulación de masas que, mira por dónde, siempre está dirigido por un puñado de hombres pareciera que salidos del averno. Lo que, lógicamente, ayuda a liberar del peso de la complicidad a buena parte de la sociedad, que, en estos casos, se nos muestra únicamente como sujeto pasivo que tan solo reproduce los mecanismos de opresión que ella misma padece. Como si esos mecanismos no funcionaran de manera intencionada contra alguien y como si, al ejercerlos, no se estuviera fortaleciendo el mantenimiento de un sistema de privilegios que, obviamente, solo beneficia a una parte de esa misma sociedad. 

En ese sentido, y sin centrarnos exclusivamente en Juventud sin Dios, lo que menos me gusta de este tipo de novelas donde los niños son presentados como almas cándidas envenenadas por la propaganda es que, por un lado, minimizan la capacidad de agencia de los mismos y, por otro, abrillantan las interpretaciones teológicas de la construcción social de las dictaduras totalitarias, según las cuales estos regímenes fueran el resultado final de un plan maestro puesto en marcha por un reducido grupo de personas que supieran manejar a la perfección la mentalidad del resto. Y no fue tanto así. 

jueves, 4 de julio de 2019

3 poemas de La Tormenta #3


Hace tres años, Jordi Maíz, editor de Calumnia Edicions, nos propuso coeditar con Piedra Papel Libros una pequeña revista de poesía, sin periodicidad definida y una tirada modesta (con la idea de liberar en internet cada número cuando se hubieran agotado los ejemplares correspondientes). Sin pensarlo mucho, le dijimos que sí, y de esa afirmación salió La Tormenta, de la que ya llevamos 3 números. Para animaros a leerla, os dejo por aquí varios poemas de este último número.

*

He aprendido
a darme la vuelta y sostener
tu sueño y mi deseo

lo que no he aprendido aún
es a sujetarme el miedo
que me late en la boca
cuando oigo la noche
crecer entre nosotros

Yolanda Ortiz

SIN HORIZONTE

Únicamente el cielo
carece de horizonte.

Es terrible vivir
en este tiempo
de terror y espanto.

Mientras se viene y se va
la pesadilla horrenda,
callémonos amando.

Manuel Lombardo

MR. WONDERFUL

Los sueños se persiguen
infinitamente más rápido
si la línea de salida
parte de la calle Serrano.

Vanessa Basurto

Más información sobre este número de La Tormenta, aquí:
https://piedrapapellibros.com/2019/07/02/latormenta3poesia/

miércoles, 19 de junio de 2019

Replicantes y papeles viejos


Fotograma de Blade Runner 2049

Hace varios meses que leí Apuntes de cine de ciencia ficción, de autoría múltiple, editado por Antipersona en abril de este mismo año. Como hago en muchas ocasiones, dejo descansar el libro justo después de leerlo, y vuelvo a él para subrayar fragmentos de algunas páginas dobladas o perseguir nuevas referencias. En este caso, durante el último fin de semana revisité el libro con el ánimo de hacerme con las películas y series que mencionan los distintos autores en sus artículos.
Blade runner 2049 ha sido una de esas películas, y he de decir que -a pesar de haber leído previamente algunas críticas funestas- me ha gustado mucho, quizá por el grato recuerdo de la novela de Philip K. Dick y porque varias de sus escenas abordan un tema, el de la preservación de la información, que siempre me ha interesado, y no solo por el simple hecho de dedicarme profesionalmente a la gestión documental.
En una de las escenas de la película, un "archivero-replicante" le cuenta a K, el personaje protagonista (un blade runner replicante de segunda generación, mejorado y obediente a los designios de una jefa de policía humana), que después del "apagón", algo parecido a un cataclismo informático que sumió a la humanidad en un colapso civilizatorio de terribles consecuencias, se perdió toda la información contenida en los soportes de almacenamiento digital, por lo que solo se conservó la información volcada en soporte papel.
Pareciera que este es un problema futurible, pero el problema de las pérdidas irreparables de información contenida exclusivamente en soportes de conservación de tipo informático, es una constante en el mundo de los archivos. De hecho, algunos de estos problemas han salido a la luz pública debido a su especial relevancia. La pérdida de los archivos de MySpace entre 2003 y 2015 ha sido una de esas noticias, pero no es la única.

Fotograma de Blade Runner 2049

Volviendo a la escena a la que aludíamos con anterioridad, en un momento de ella el “archivero-replicante” saca una especie de rectángulo de cristal que pareciera dar soporte a un expediente personal que resulta estar dañado. Precisamente ese soporte de conservación ficticio, un cuadrito de cristal que pareciera contener toda la información de un antiguo replicante díscolo, nos recuerda las láminas de cuarzo en las que algunos ingenieros japoneses están trabajando para ofrecer una solución a los problemas de durabilidad de la mayor parte de los dispositivos de almacenamiento digital; una línea de investigación de la que se habla en el documental El fin de la memoria, donde se hace un repaso bastante completo a todas las problemáticas asociadas a la falta de durabilidad de los sistemas de almacenamiento de datos actuales.  

Fotograma de Blade Runner 2049

También hay otra escena relacionada con el gremio de archiveros; hablamos del fragmento en el que K, que anda investigando su propio pasado, descubre que "alguien" ha arrancado un año entero del libro de registro de un orfanato donde, intuye, podría encontrar respuestas a buena parte de sus preguntas. Será precisamente ese vacío documental, producto del robo o la destrucción intencionada, lo que le impida hallar respuestas. Y es aquí donde aparece un tema central en el debate actual sobre el acceso a los archivos, ya sean privados o públicos: la custodia profesional como garantía de acceso a los archivos que conservan información que, entre otras cosas, otorga derechos a las personas (el derecho a saber, el derecho a la memoria o, incluso, el derecho a la identidad). Recordemos el problema de las miles de familias de bebés robados cuyo acceso a los archivos hospitalarios les ha sido negado de manera reiterada, argumentando en algunos casos que muchos expedientes han sido expurgados debido a su antigüedad.
En definitiva, hablamos de problemas reales, de aquí y ahora, que nos afectan a todos y que entre todos debemos afrontar. Por eso mismo me congratula pensar que la ciencia ficción de hoy día, como en sus mejores tiempos, sigue siendo mucho más que un género de entretenimiento.

sábado, 1 de junio de 2019

De verde y pardo: ecología y nazismo en la Alemania de los años treinta

Grupo wandervögel (Berlín, año 1930). Fuente: ADN-ZB/Archiv Deutschland

Hace relativamente poco, durante la presentación en la librería Traficantes de Sueños del fanzine El bibliocausto en la España de Franco (Piedra Papel Libros, 2018), de Francesc Tur, surgió en el debate posterior una especie de interrogatorio público a propósito de la naturaleza del fascismo español. La mayoría coincidimos en que, en buena medida, el régimen franquista justificó la mayor parte de su acción política sobre valores reaccionarios, de conservación, vinculados a la Iglesia católica y, por tanto, muy alejados del discurso público del que, al menos en un primer momento, se dotaron los partidos fascistas de Italia y Alemania.

Leyendo el primer capítulo de Ecofascismo. Lecciones sobre la experiencia alemana (Virus, 2019), que se titula Ecologismo fascista. La «rama verde» del partido nazi y su antecedentes históricos, de Peter Standenmaier, no hago sino reafirmarme en lo que hablábamos antes. Desconocía totalmente las conexiones entre el movimiento nazionalsocialista y los grupos que, ya en los años treinta, defendían el respeto a la naturaleza, la puesta en marcha de una agricultura ecológica -o al menos no sometida al industrialismo- y abominaban de la vida en las ciudades bajo el régimen de la economía industrial. 

No os exagero si os digo que, en un capítulo de apenas cuarenta páginas, tengo marcadas más de la mitad porque hay fragmentos a través de los cuales el lector puede tomar conciencia de la estrategia de encuadramiento de masas puesta en marcha por el NSDAP. La recuperación del movimiento de los wandervögel, un nombre por el que se conocía a los jóvenes que buscaban un modo de vida más sencillo y "auténtico" alejándose de la ciudad, es buen ejemplo de lo anterior; pero hay muchos más. Que duda cabe que, a día de hoy, poca gente relacionaría el nacimiento del ecologismo con los primeros pasos del nazismo, pero, por ejemplo, el zoólogo Ernst Haeckel, quien acuñó el termino «ecología» en 1867, creía "científicamente" en la superioridad de la raza nórdica, en los perjuicios de las mezclas raciales y en los beneficios para la salud de la nación de la eugenesia y otras políticas activas de control racial.

Si os interesa el tema, haceos con el libro. La segunda parte, de Janet Biehl, no me ha interesado tanto porque está relacionada con la conexiones entre el movimiento ecologista y en los movimientos de extrema-derecha en la Alemania posterior a la II Guerra Mundial, pero también anima a investigar algunos de estos vínculos. En definitiva, un acierto de Virus

martes, 30 de abril de 2019

Asaltados y asaltantes: historia inmediata de cuatro años de municipalismo electoral


Fotografía de Jaime Villanueva
Hace cuatro años, poco antes del inicio del ciclo de elecciones de 2015, me propusieron escribir un artículo de análisis sobre las candidaturas populares que, reclamándose municipalistas y herederas del 15M, pretendían concurrir a las mismas con el afán de asaltar las instituciones y revitalizar el proyecto democrático[1]. De allí nació Asaltados o asaltantes. Municipalismo y movimientos sociales en la coyuntura electoral, un pequeño texto, publicado originalmente en el número 17 de la revista Youkali, que luego editamos en formato fanzine (Piedra Papel Libros. Jaén: 2015)[2].

A día de hoy, mediados de abril de 2019, y a pocos días de retomar el ciclo electoral que dará cuenta de la nueva composición del mapa político del Estado español (al menos en el plano institucional), podemos revisitar el texto al que aludíamos anteriormente desarrollando buena parte de sus líneas de análisis pero teniendo en cuenta, eso sí, que muchas cosas han cambiado por el camino, incluyendo la aparición de nuevos actores —y otros no tan nuevos— que han entrado con fuerza en la partida.

No obstante, el relato sobre la experiencia política de dichas candidaturas varía en función de la mirada y los intereses de quien lo ponga sobre la mesa, por lo que hemos pensado que, para ofrecer una visión de conjunto, quizás sería interesante plantearlo de la siguiente forma:

Asaltantes

Sin duda alguna, uno de los puntos fuertes del argumentario que en su día justificó la puesta en marcha de las candidaturas municipalistas es que estas recogían lo mejor de la experiencia del 15M, llevando a la arena de la política institucional buena parte de sus reivindicaciones y generando un espacio de participación más asequible a la gente (por lo que —explican— tenía de desgaste la apuesta por la política asamblearia, a pie de calle, propiciada por el movimiento de los indignados). Visto tal que así, la voluntad de conformar partidos, plataformas y candidaturas de corte municipalista fue consecuencia lógica de una fase de madurez del 15M que, bajo su punto de vista, permitió romper con el estancamiento e inoperancia en la que se hallaba sumido dicho movimiento ya en 2014[3].

A partir de ahí, la lectura en clave de éxito de la praxis política de estas candidaturas se cifra, ya no solo por el triunfo electoral que ha posibilitado el control de grandes ayuntamientos como Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza o La Coruña, sino por el apoyo que dichas candidaturas han prestado a Podemos y sus confluencias para conseguir que los sectores políticos a la izquierda del PSOE tuvieran una representación sin precedentes en la democracia española[4].

Dicho esto, otro elemento que la militancia afín a estas candidaturas pone constantemente encima de la mesa es que este nivel de representatividad institucional se ha traducido de manera directa en un poder político real que, por un lado, ha posibilitado desarrollar a nivel legislativo distintas iniciativas nacidas al calor de los movimientos sociales (fundamentalmente en la esfera municipal, pero también en la autonómica y estatal) y, por otro, ha revitalizado la gobernanza democrática de las ciudades, propiciando una gestión más participativa de las instituciones (lo que, dicen, ha propiciado una cierta regeneración del sistema democrático que ha conseguido enganchar y movilizar a una parte de la ciudadanía desencantada con el sistema político).

En otro orden de cosas, para quienes defienden una lectura positiva de la evolución de las candidaturas municipalistas, otra prueba del éxito de este modelo de intervención política ha sido la replicación del mismo a nivel internacional[5], lo que ha propiciado la irrupción de una alianza, relativamente ecléctica, de ciudades por el derecho a la ciudad que pretenden vertebrar sus políticas de gobierno en torno a los ejes de 1) mayor igualdad social, 2) menor huella ecológica, y 3) radicalización democrática (algo que, además, ha de hacerse compatible con modelos de gestión eficaz que, por ejemplo, sean capaces de reducir la deuda pública[6]).

Dicho esto, sabemos que el relato anterior, explicitado tal que así, solo conforta a una parte de la izquierda política local, en concreto aquella que, más que romper con el sistema de representación actual, desde primera hora solo pretendía remozarlo a través de varias vías como su radicalización, el repliegue del bipartidismo o la reforma de la ley electoral. Un saco en el que, aun a riesgo de simplificar, habrían de caber los militantes más pragmáticos nacidos del 15M junto a aquellos sectores de la denominada vieja política que, al fin, encontraron en estas nuevas plataformas una vía útil para ampliar su techo electoral[7].

Asaltados

No es un secreto para nadie que la paulatina consolidación de estas candidaturas municipalistas ha corrido paralela al reflujo de buena parte de los movimientos sociales o, para ser más exactos, de la capacidad de movilización de los mismos; algo que, por un lado, ha contribuido a la merma de su capacidad de intervención política (lo que ha favorecido la pérdida de su potencial transformador) y , por otro, les ha restado independencia, perdiendo por ello capacidad de aglutinar a sectores cada vez más amplios y dispares de las capas populares de la sociedad[8].

Tampoco es un secreto para nadie que las estructuras de partido de Podemos, sus confluencias o las distintas marcas electorales que se reclaman municipalistas en el Estado español se han fortalecido con la captación de militantes provenientes de los movimientos sociales, lo que a nuestro entender ha debilitado a los mismos, no solo por su incapacidad para cubrir los huecos dejados por dicha militancia, sino también porque ha favorecido que sus luchas y, sobre todo, sus reivindicaciones concretas hayan sido vehiculizadas por agentes externos, lo que ha mermado su capacidad de interlocución y su independencia política, favoreciendo además que sus demandas fueran leídas por la sociedad únicamente en clave electoral (y no como parte de un programa propio que, en el mejor de los casos, podría impugnar la legitimidad de las instituciones de gestión del capitalismo).

A nuestro entender, lo peor de este reflujo de los movimientos sociales ha sido el aislamiento de los mismos, su consiguiente hermetismo y la sensación de incapacidad, estancamiento y falta de iniciativa de la que, una vez más, solo pretenden sacar tajada las distintas ortodoxias, cuyas políticas de vanguardia, grupusculares y cainitas se hallan siempre tan desacopladas de las necesidades de quienes padecemos las consecuencias de este régimen criminal y ecocida.

Quizá por lo anterior, quienes podamos identificarnos con este último relato seamos aquellos que, en un primer momento, aspiramos a crear y fortalecer estructuras de participación política que permitan contrabalancear el poder de las instituciones del régimen, en primer lugar porque las consideramos irrecuperables para nuestros intereses, claro, pero también porque la experiencia histórica nos demuestra que a lo máximo a lo que podemos aspirar formando parte de su entramado parlamentario es a cogestionar el desastre.

Y ahora qué…

Teniendo en cuenta todo lo anterior, desde el ámbito libertario quizá resulta perentorio hacer un análisis de nuestras debilidades que, sin dejar de tener en cuenta todas las limitaciones externas que dificultan la socialización de nuestros discursos y propuestas organizativas, ayude a entender por qué hemos sido incapaces de favorecer un fortalecimiento sustancial, ya no solo de nuestras propias organizaciones, sino de los movimientos sociales que podrían ser afines a nuestras praxis y reivindicaciones.

Tal vez una buena opción sería abrir bien los ojos, ser ambiciosos en el sentido de no conformarnos con la majestad de nuestras ideas  y estudiar qué es lo que están haciendo bien aquellos colectivos, movimientos y organizaciones que, lejos de amilanarse ante el estado de las cosas actual, han conseguido ampliar y socializar sus luchas, transmitiendo su mensaje a cada vez más gente y logrando transformar, a fuerza de organización y perseverancia, parcelas de la realidad concretas que hasta hace bien poco parecían intocables. El feminismo es un ejemplo, claro, pero si reducimos la escala todos tendremos en mente federaciones, colectivos, asambleas o sindicatos de carácter libertario que, al menos a nivel local, sectorial o territorial, han conseguido amplificar su radio de acción, ganando mucha gente en el camino y consolidando una posición de cierto peso que, al menos, les da la posibilidad de luchar por la transformación efectiva de la sociedad en pro de los intereses de las clases populares (aunque solo sea en su ámbito).

En un contexto progresivo de desintegración social (azuzada por el deterioro de los vínculos, la hipertrofia del ego y el solipsismo de las pantallas), que a medio plazo tendrá como paisaje la conflictividad social ligada a las consecuencias del cambio climático, se nos antoja urgente replantearse cómo podemos garantizar que en un futuro inmediato nuestra ideas, prácticas y anhelos encuentren eco en  capas cada vez más amplias de la sociedad. Y ya no tanto con el ánimo de  mantener bien alta y diferenciada la bandera del ideal revolucionario, sino por mera supervivencia. Del mundo en que vivimos, sí, pero también de nuestra especie, del marco de ideas, acuerdos e intereses socialmente construidos que garanticen la dignidad del ser humano y de la vida misma.

Juan Cruz López
(Todo por Hacer, número 100, mayo 2019)




[1] Hacia nuevas instituciones democráticas. De la crisis al asalto de la política”, Fundación de los Comunes (Diagonal, 08/05/2015: https://www.diagonalperiodico.net/blogs/fundaciondeloscomunes/hacia-nuevas-instituciones-democraticas-la-crisis-al-asalto-la-politica).
[3] “El 15M de 2014”, Sofía Pérez (El Diario, 13/05/2014: https://www.eldiario.es/sociedad/anos-despues_0_259324836.html).
[4] Hablando, por ejemplo, del Congreso de los Diputados, la mejor marca del PCE fue la de 1979, cuando obtuvo 23 diputados. En 2016, Unidos Podemos obtuvo 71 diputados.
[5] “Barcelona, capital del municipalismo internacional”, Enric Bárcena (Sin Permiso, 25/06/2017: http://www.sinpermiso.info/textos/barcelona-capital-del-municipalismo-internacional) y “Municipalismo global contra la ultraderecha”, Bernardo Gutiérrez (El Salto, Nº 24).
[6] “Carmena presume de ‘milagro’: reducir a la mitad la deuda del Ayuntamiento de Madrid” (HuffPost, 19/11/2018: https://www.huffingtonpost.es/2018/11/19/carmena-presume-de-milagro-reducir-a-la-mitad-la-deuda-del-ayuntamiento-de-madrid_a_23593832/).
[7] Que en el caso de Izquierda Unidad estaba en los 2.639.774 obtenidos en las Elecciones Generales de 1996.
[8] Podemos: de movimiento social hacia la institucionalidad política, Elio Pérez Aguiar (TFG, en línea).

miércoles, 10 de abril de 2019

En el Abril Literario 2019


Llevo mucho tiempo detrás de los libros. De hecho, ahora mismo me mantengo casi siempre del lado del editor, ya que desde que estoy al timón de Piedra Papel Libros apenas si me queda tiempo para escribir. El próximo sábado, en todo caso, estaré del otro lado, hablando de mis libros con los vecinos de mi pueblo. Además estaré acompañado de mi amigo Javier Infantes, profesor de literatura, que conoce mi trabajo de primera mano desde hace años.

Si os apetece, os invito a que os paséis. Ojalá que haga buen tiempo y que podamos compartir un buen rato en el parque que está junto a mi casa. Después podemos echarnos unas birras en el bar del pueblo. Seguro que lo pasamos bien. Ya sabéis que libros y cervezas es un plan que nunca falla. 

domingo, 17 de febrero de 2019

La resistencia íntima


i

Quería olvidarme de La resistencia íntima. Quería echarle un vistazo, volver a las páginas dobladas, a los subrayados y contaros cuatro cosas de por qué me gustó el libro. Y he pensado que no, que no voy a guardarlo, que no voy a enterrarlo entre las paredes, cada vez más estrechas, de la pequeña librería de nuestro exiguo salón, donde ya no caben más libros. Muy el contrario, he decidido que permanezca cerca, bien cerca, para volver a cada tanto a él, echarle un tiempo a cada párrafo subrayado, perseguir sus referencias, apuntar los libros que cita Josep M. Esquirol y pensar en lo que dice de vez en cuando.

ii

He pensado que tampoco voy a hablaros del libro. No. Tan solo os diré que he decidido no guardarlo después de releer un fragmento de la página 153 donde se cita el pasaje del Libro de Job (Job 2:13) donde los amigos del profeta, al verlo abatido por el terrible padecimiento al que le ha condenado la maldita apuesta entre Dios y Satanás, le acompañan guardando silencio durante siete días y siete noches. Nadie abre la boca. Todo está mal, algo está bien; quizá es porque callan.

iii

En todo caso, si no hablo del libro, sí que hablaré de un recuerdo de su lectura. Una mañana de hace un par de años acabé en el Retiro. No sé qué hacía allí. El caso es que empezó a llover con mucha fuerza y apenas si se veía gente en el parque. Me refugié en el Templete de la Música y, sin nada que hacer más que esperar a que parara de diluviar, me senté en el suelo y me puse a leer La resistencia íntima. Recuerdo algunas cosas de aquella pequeña experiencia, pero solo os diré que en aquel momento, y quizá no tanto por lo que leí en ese justo momento, sino por el estado de ánimo al que me había llevado el libro, sospeché que tal vez fuera posible guarecerse en la libertad interior de la que siempre hablaba Stefan Zweig, esa libertad que a veces toma forma de resistencia y nos permite no ser aplastados por el discurso y la propaganda de los otros, sustraernos del ruido.

martes, 5 de febrero de 2019

Barrionalismo


Hoy me he pasado un buen raro escuchando a Luis de la Cruz en Barrio Canino. El programa es largo, pero no se hace pesado y permite sumergirse en la tripa de Barrionalismo, el último ensayo del autor madrileño, con quien tuvimos la suerte de contar para la publicación de Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial (Piedra Papel Libros. Jaén: 2016). 

Ha pasado un tiempo desde que leí el ensayo de Luis y la escucha del programa me ha refrescado algunos de los temas por los que me interesé tras haber leído el ensayo, uno de los que mejor me lo hicieron pasar en 2018. Urbanismo defensivo, gentrificación, clasemedianismo, obsesión securitaria... Son conceptos con los que no estaba demasiado familiarizado y que Luis sabe desarrollar a través de la pequeña colección de artículos que dan cuerpo a este pequeño ensayo, donde la trama reflexiva se urde a través de la experiencia vivencial de un paseante, a menudo errático, como el propio autor.

Son muchas las páginas dobladas para volver sobre ellas. Algunas anotaciones al margen me recuerdan que tengo que leer tal o cual artículo, ver una película determinada, buscar en internet un documental... Porque Barrionalismo es un libro que, al menos para mí, está contado de tal manera que te invita a seguir investigando, y esa es una de sus fortalezas. Algo que es difícil de conseguir y que el autor logra conteniendo mucho el relato, poniendo ejemplos sencillos y, sobre todo, dándonos la oportunidad de acercarnos al tema en cuestión con una narrativa desbrozada de artificio, precisa y divulgativa al mismo tiempo.

No os cuento más, si estáis interesados en los temas relacionados con el urbanismo, la sociología contemporánea o la historia de los movimientos sociales, os va a encantar.

miércoles, 23 de enero de 2019

«Amados»


i

Hace mucho tiempo que tengo en la cabeza una historia de ciencia ficción con la que nunca me pongo. Supongo que será otro de los proyectos que se quedarán guardados en un cajón, pero el caso es que está ahí... De vez en cuando me escuece la idea de que no la llegue a escribir nunca. Es algo que pienso cuando leo un buen libro de ciencia ficción o cuando veo una película que me recuerda alguna parte del argumento (y es algo que me pasa a menudo). En todo caso, las historias no mueren mientras se las siga pensando y este libro, que todavía no he escrito, sigue bien vivo, resguardado del frío y de la escarcha aquí, en mi cabezota.

ii

Uno de esos libros de los que hablaba antes es Agua en los pulmones, una colección de tres relatos de ciencia ficción traducidos por Sofía Barker y editados por Pulpture Ediciones. Dos de esos no relatos no me han gustado demasiado, pero «Amados», de Lucy Taylor, es una auténtica barbaridad. Cambio climático, supervivencia extrema, antiguas especies que mutan a mil por hora... Y un paisaje desarbolado, cubierto de charcas y lagunas creadas tras la subida del mar, donde la vida está bajo amenaza permanente y la humanidad malvive, con pequeños grupos humanos que vagabundean mientras seres extraordinarios, antaño extinguidos, pretenden darles caza. Un relato muy bien cerrado, con una ambientación magnífica y que mantiene la tensión en todo momento. Genial.