lunes, 7 de noviembre de 2016

Después de medianoche

Irmgard Keun
No hubiera llegado hasta Después de medianoche, de Irmgard Keun, si no hubiera pasado por Ostende, de Wolker Widermann. En esta última novela, que tiene más de biografía colectiva que de lo primero, el lector se adentra en el mundo del exilio alemán de los años 30: aquellos artistas y escritores que tuvieron que dejar Alemania a mediados de esa década por ser más o menos perseguidos por los nazis. Entre ellos se encontraba Joseph Roth, al que ya le he dedicado varios post en este blog. Fue en Ostende donde conocí la labor creativa de su compañera, Irmgard Keun, cuya obra ha sido recientemente editada en castellano por una pequeña editorial, Minúscula, cuyo trabajo os animo a conocer.

Después de medianoche, probablemente escrita en la ciudad belga que da nombre al libro de Widermann, fue publicada en Amsterdam en 1937 y es la primera novela que leo de Keun. Narra la vida de una chica, Susanne, que intenta progresar en la Alemania dominada por el nazismo (pocos años antes de que se desate la II Guerra Mundial). En la historia se reconstruye a la perfección la sociedad germana del momento. Una sociedad donde la muerte y las desapariciones están siempre presentes, como un fantasma del que nadie habla. En la novela la violencia aparece en contadas ocasiones, pero siempre lo hace adquiere un matiz simbólico irreprochable. La culpa, el miedo y la complicidad con la barbarie están presentes en un relato donde pocos personajes caen simpáticos. Por otro lado, el estilo preciso, directo y contenido de Keun, juega a la perfección con una historia sin demasiado desarrollo cronológico, en la que las descripciones nunca resultan redundantes y donde la psicología de los personajes se muestra de manera natural, sin exabruptos ni recursos retorcidos, sin menoscabo del consecuente dramatismo de la historia en su conjunto.

Los nazis secuestraron los libros de Keun en 1933. Exiliada desde 1936 hasta 1940 en Bélgica y Holanda, los rumores sobre su posible suicidio permitieron que regresara a Alemania poco después, pasando desapercibida entre la gente y sin ser descubierta por la policía nazi. Keun murió en 1982, dejando un legado literario de primer orden que en nada desmerece la obra de otros coetáneos como Zweig, Toller o el propio Roth. Como decía, su obra en castellano ha sido editada por Minúscula. Seguro que volveré a escribir sobre ella.

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