viernes, 21 de octubre de 2011

El último capítulo de Tifón


Me regalaron el libro hace mucho tiempo. Tifón, esta maravilla escrita por Joseph Conrad, me sirvió de anclaje en un momento en el que lo necesitaba. Hoy quiero hablar de él... Hace poco lo abrí por la mitad y subí uno de los párrafos subrayados a Nueva Gomorra. Era la descripción perfecta que caracteriza a un personaje pareciera que escapado de El corazón de las tinieblas. Como es una novela breve, decidí releer el último capítulo... Sin palabras. En los anteriores Conrad se explaya sumergiéndonos en una tormenta perfecta, un tifón contra el cual batallan a cara perro los dos soberbios protagonistas de la historia: el primer oficial Jukes y el capitán MacWhirr, héroe oscuro de la novela. Pero ese último capítulo es inigualable... El Nan-Shan ha conseguido llegar a puerto como un fantasma, completamente destrozado. Los marineros se saben afortunados, a salvo gracias a la providencial fortaleza de su capitán y al instinto de supervivencia de Jukes. Entonces el lector observa como son recibidas en sus hogares las cartas que los marineros escriben para sus mujeres. La esposa del capitán, por ejemplo, ni siquiera termina de leerla. Su hija, que anhela irse de compras, reclama su atención y ella abandona la misiva. Le aburren las historias del mar de su marido. Os dejo un pequeño fragmento.

No se le ocurrió volver la hoja para mirar. Habría encontrado anotado allí que, entre las cuatro y las seis de la mañana del 25 de diciembre, el capitán MacWhirr creyó efectivamente que su barco no podría sobrevivir una hora más en semejante mar, y que nunca volvería a ver a su esposa y a sus hijos. Nadie llegaría a saber eso (sus cartas se traspapelaban rápidamente), nadie en absoluto, salvo el camarero, a quien impresionó mucho esa observación.

Y es que Conrad parece burlarse de la vida de los mortales. Es como si quisiera evidenciar la vanalidad de las vidas de secano. Quizás sea por eso por lo que leemos esta historia con un cierto deje de escepticismo, de soberbia contemporaneidad ante una épica envolvente pero que chirría porque nos parece desfasada, cosa del XIX y sus imperios. De todas formas, es cuestión de trabajar una vez más sobre nuestra mirada, para volver a descubrir el brillo de obra maestra como Tifón. Conrad me resulta imprescindible.

4 comentarios:

  1. Lo leí una vez y lo tengo en la fila de nuevo, pero no llegaré nunca a releerlo por la longitud de lo que te cuento

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  2. Alguien dijo "hay mucho que leer y la vida no es tan corta como parece".

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  3. Y ahora que leo lo que escribí, que es imprescindible... ja, años echándole la culpa de haber querido ser marinera. Ay, Conrad.

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